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La historia de las relaciones entre la Iglesia y China está llena de malentendidos. Este último incidente es una prueba de ello: quienes han escogido el 1 de octubre pensaban sólo en el día de santa Teresa del Niño Jesús, Patrona de las misiones. Estoy seguro de su decisión y no hay ningún tipo de provocación o revancha. Juan Pablo II, gran amigo de China, no se rebaja a cálculos tan mezquinos. Con estas palabras explicaba el incidente monseñor Roger Etchegaray, Presidente del Comité Central del Gran Jubileo, tras un reciente viaje a ese país con motivo de un simposio italo-chino sobre religión.En este mismo sentido, el director de la Sala de prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, hacía pública, el pasado 26 de septiembre, una declaración en la que rebatía las acusaciones del portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Sun Yuxi, que ha interpretado la canonización como la exaltación del colonialismo (33 de los mártires son euro-peos, y algunos de ellos, como el francés Leo Mangin, fue asesinado durante la guerra de los boxer): La ceremonia no tiene ninguna motivación política y no va dirigida contra nadie, y todavía menos contra el gran pueblo chino. Acusar de "crímenes enormes" a esta fila de testigos (entre ellos hombres y mujeres inermes y de todas las edades) es fruto de una lectura unilateral de la Historia y una mistificación, si no se presentan pruebas concretas. Obviamente, otra cosa son los delitos que fueron cometidos a veces por las potencias coloniales. Pero quien lee desapasionadamente y con objetividad las biografías de los beneméritos misioneros y misioneras que serán canonizados el próximo domingo, no puede sino quedar impresionado y admirado por su abnegación y su deseo de servir al pueblo chino. |
| No obstante la reacción de las autoridades, la canonización ha sido acogida como un gran estímulo para los cristianos que sufren persecuciones, ha dicho el cardenal Kuo-hsi, quien afirma que lleva rezando por esta canonización desde cuando era niño y vivía en China.
AÚN NO ES LA HORA DE LA SIEGA
La canonización, en efecto, aunque ha sido malinterpretada por algunos como un paso en falso del Vaticano en sus tormentosas relaciones con China, o como una revancha por las irregulares e ilegítimas ordenaciones de obispos, constituye ciertamente, sin embargo, un espaldarazo al intento de acercamiento, tan deseado en la Santa Sede, entre la Iglesia clandestina y la oficial vinculada a la Asociación Patriótica, a través de la cual el partido comunista chino controla, sobre todo, a la jerarquía. Ambas, en palabras del cardenal Etchegaray, viven dolorosamente, en su carne y en su espíritu, aunque de manera diferente, la relación siempre frágil entre fe e historia, que siempre tiene que ser revisada en la verdad. El que yo reconozca la fidelidad al Papa de los católicos de la Iglesia oficial, no puede disminuir para nada mi reconocimiento de la heroica fidelidad de la Iglesia del silencio. Antes de mi reciente viaje a China, había dicho claramente que ninguno de mis pasos debería poder ser interpretado como una aprobación de las estructuras de la Iglesia oficial. A mí lo que me interesaba, antes que nada, era encontrarme con las personas, y sólo podía hacerlo a través de una Asociación omnipresente ligada al Gobierno. Viendo las cosas de lejos, algunos tienen la tentación de cortar todo con el cuchillo, como en el día del juicio final. Pero viéndolas desde dentro, se da uno cuenta de que estamos todavía en la estación evangélica en la que no se puede separar el grano de la cizaña. Sobre todo porque se trata de una sola Iglesia, en la que una fe común trata, poco a poco, de superar lo que hasta este momento separa, por desgracia, a los "clandestinos" de los "oficiales". El tiempo hace que sus fronteras sean cada vez más porosas, al menos en ciertas regiones de este inmenso país. |