RetrocesoA&ONº 228/5-X-2000SumarioEl Día del SeñorContinuar
Año de Gracia
Lo mismo que la sociedad civil es la familia: una verdadera sociedad regida por un poder que le es propio, el paterno. Siendo, lógica e históricamente, anterior la familia a la sociedad civil, síguese que los derechos y deberes de aquella son anteriores y más inmediatamente naturales que los de ésta. Querer, pues, que se entrometa el poder civil hasta en lo íntimo del hogar, es un grande y pernicioso error. Cierto que si alguna familia se hallase en extrema necesidad y no pudiese valerse ni salir por sí de ella en manera alguna, sería justo que la autoridad pública remediase esta necesidad extrema, por ser cada una de las familias una parte de la sociedad. Y del mismo modo, si dentro del hogar doméstico surgiere una perturbación grave de los derechos mutuos, interpóngase la autoridad pública para dar a cada uno el suyo, pues no es esto usurpar los derechos de los ciudadanos, sino protegerlos y asegurarlos con una justa y debida tutela. Pero es menester que aquí se detengan los que tienen el cargo del Estado. Pasar estos límites no lo permite la Naturaleza. Porque es tal la patria potestad, que no puede ser extinguida ni absorbida por el Estado, puesto que su principio es igual e idéntico al de la vida misma de los hombres. Los hijos, si queremos hablar con propiedad, no por sí mismos, sino por la comunidad doméstica en que fueron engendrados, entran a formar parte de la sociedad civil. Y por esta misma razón, antes de que lleguen a tener uso de su libre albedrío, están sujetos al cuidado de sus padres. Cuando, pues, los socialistas, descuidada la providencia de los padres, introducen en su lugar la del Estado, obran contra la justicia natural y disuelven la trabazón del hogar doméstico.

León XIII
de la encíclica Rerum novarum