RetrocesoA&ONº 228/5-X-2000SumarioTestimonioContinuar
La adopción: un abrazo al mundo entero
Una iniciativa de Otro
Cuando nos casamos, hace 9 años, ya vimos dentro de nosotros el deseo de tener (mejor sería decir acoger) muchos hijos. Este deseo no es una rareza, sino algo que el Señor ha puesto en nuestro corazón. Las únicas opciones son las de acogerlo o apagarlo, dando más peso a un proyecto propio. Tenemos dos hijas. Baste decir que el nacimiento de nuestras hijas mayores ha sido una demostración palpable de que los hijos los da Dios cuando Él quiere, siguiendo unos planes que no necesariamente son los nuestros, por muy justos que puedan ser. Conocimos casualmente Familias para la Acogida hace unos tres años, a través de Belén Cabello, en relación a un encuentro con Marco Mazzi en Madrid. Cenando con él y su mujer vimos un realismo conmovedor. Fue un inicio inesperado con mil preguntas abiertas.
Hace dos años, los médicos diagnosticaron que nos sería imposible tener más hijos de manera natural. Sabíamos que, a pesar de todo, si el Señor quería, podía vencer esta dificultad. Empezamos a pedir con más insistencia que nos manifestara lo que Él quería para nosotros, y que supiéramos decir . Por aquel entonces, nos resistíamos a la adopción por considerarlo una paternidad de segunda. Más tarde intuíamos el camino de la adopción, pero no terminábamos de verlo claro, dudando de si sería bueno para nuestras hijas la llegada a casa de un hermano distinto. Asimismo, nuestra fragilidad nos echaba también para atrás. Hablando con Pablo y Carmen —un matrimonio amigo, que ya han adoptado a dos hermanos bolivianos— nos dijeron algo obvio: para aclararse hay que empezar a caminar. Hace un año por estas fechas empezamos los trámites en la Comunidad de Madrid. En este proceso el Señor iba dando signos de que nos llamaba por el camino de adopción. Alda Vanoni, la responsable de Familias para la acogida en Italia, nos dijo que, en la doctrina tradicional de la Iglesia, se considera que la dificultad de tener hijos de forma natural se ha identificado como una llamada a otras formas de paternidad . Y Mabel, una madre de familia, representante en Madrid de la Agencia de Adopción que escogimos, nos expuso su caso, muy similar al nuestro. Nos contaba las dificultades iniciales en su familia, y cómo ahora había cambiado. Los costes del viaje y los trámites eran difícilmente soportables, salvo contrayendo deudas. Inesperadamente, a mi mujer le ofrecen unos trabajos que puede realizar desde casa, haciendo un esfuerzo maratoniano. Esto salva la situación. Es verdaderamente conmovedora la generosidad de algunos amigos.

El pasado mes de junio fuimos a Bolivia a recoger a Iván, un chico de año y medio, atendido en un orfanato dirigido por Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Pedíamos al Señor que preparara nuestros corazones para acoger a quien nos enviara. Fue una sorpresa para nosotros el que, cuando nos entrevistó la trabajadora social del orfanato, nos dijo: Pero, ustedes, han tenido una preparación muy buena, ¿no? Se han preparado muy bien, y también sus hijas. Ellas lo han acogido con un amor y sencillez que es una sorpresa y una alegría enormes.

Este paso ha supuesto un bien muy grande para la relación de matrimonio: siempre lo hemos vivido juntos. Las certezas de mi esposa son las mías. En un cierto momento, me dice: Estamos siendo llamados a la adopción: si el Señor da hijos a los amigos y a nosotros no, es porque quiere otra cosa de nosotros; en otro momento, tras mirar muchas agencias de adopción, vuelve contenta de FEYDA y me dice: No vamos a buscar más: ya lo hemos encontrado. O el recordarnos continuamente que este paso no es un proyecto nuestro, sino que respondemos a la iniciativa de Otro. Es lo único que da la paz cuando tienes que coger un avión al día siguiente para ir a un lugar que está a 10.000 kilómetros de casa. Ha sido el Señor el que nos ha escogido para ser los padres de Iván, y lo ha hecho para nuestro bien. No se debe a una especial generosidad nuestra. Ha sido iniciativa del Señor Jesús indicada de una manera en extremo discreta, pero no por ello menos cierta. Es como una vocación especial que se nos ha concedido para que nuestra vida sea más plena.

Luis Miguel Brugarolas