RetrocesoA&ONº 228/5-X-2000SumarioTestimonioContinuar
Los hijos no nos pertenecen
El caso del niño de 20 meses del cual ha dictaminado el juez de la Audiencia Provincial de Salamanca que debe volver a una institución de menores, entre otras cosas porque es un factor que permite que le visite su madre biológica y así favorecer su recuperación (ésta sufre trastornos psicológicos severos), ha desencadenado la indignación, en primer lugar, de los padres que hasta ahora custodiaban al niño, pero también de gran parte de la sociedad. Sin entrar a juzgar los aspectos legales que resultan extraños, pero que pueden escapársenos (si existía la posibilidad de reconstruir una relación con la madre biológica, ¿por qué no se informó de ello a la familia acogedora?...), como miembros de la Asociación Familias para la Acogida, de Madrid, y como personas que estamos haciendo un camino apasionante en la vida, nos parece imprescindible poner sobre la mesa algunas cuestiones esenciales. En primer lugar, cualquier familia que acoge debe plantearse el motivo por el que realiza este gesto. Acoger es poner a disposición de otro, de un extraño, en cierto modo, lo que tú eres y lo que constituye tu vida. No se tratra de llenar un hueco o un vacío que pueda existir en tu familia, ni tampoco —aunque sea muy elogiable— de un simple gesto de solidaridad social. No tengo otra razón más que mi destino y el destino del otro. Los hijos no nos pertenecen, sean biológicos, acogidos o adoptados. La vida no nos la damos nosotros. Otro nos genera. Somos de Otro. Este juicio no es inmediato, es algo que se aprende, que se reconoce haciendo una experiencia, recorriendo un camino. Pero en esto consiste la vida.
En el caso que nos ocupa, una solución que no tenga en cuenta todos los factores, que inicialmente parta de la negación de alguno de ellos, inevitablemente se revelará no adecuada. El niño, la madre biológica y la familia acogedora no pueden resultar indiferentes. ¿Y si se pudiera mantener al niño en una familia estable y centrada, sin menoscabo de que la madre biológica pueda visitarlo cuantas veces sea preciso? ¿Y si la familia acogedora del niño fuera también un lugar de relación estable y adulta para la madre biológica? ¿Y si hubiera una familia dispuesta a acoger a un niño, abrazando esta situación dolorosa que separa a madre e hijo, y sin ninguna pretensión de adoptarlo o conseguir la patria potestad?

Nuestra experiencia nos permite afirmar con sencillez, pero con claridad, que sí la hay. Que la solución pasa por el reconocimiento de que la acogida es para abrazar el mundo entero. Quien ha encontrado el significado de la vida, Cristo, vive infinitamente agradecido, y desde aquí es posible una gratuidad y un abrazo sin límites.

Juan Ramón de la Serna y Belén Cabello