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Las llamadas parejas de hecho están sin duda de plena y triste actualidad, y no han sido pocos desgraciadamente no tan aireados como los negadores de la verdad, es decir, de la razón los que han aportado ya a este debate cordura y sensatez. Alfa y Omega, desde que salió a la opinión pública, ha dado fe y testimonio de ello, poniendo especialmente de relieve la voz de la revelación cristiana, que no es un particular modo de ver las cosas, sino el modo católico (cuyo recto significado quieren apropiarse aquellos a los que sí corresponde el particularismo que quieren achacar a la Iglesia católica), universal, es decir, a la medida de todos los hombres.
La cuestión que hoy ocupa nuestro tema de portada se inserta conviene subrayarlo en todo ese cúmulo de despropósitos que surgen necesariamente de una mirada errada sobre el ser humano, que, antes ya de dar la espalda a la Revelación de Dios, se la da a la propia razón. ¿Tendrá que acontecer también es este campo se pregunta el cardenal Tettamanzi en su espléndido artículo Familia y uniones de hecho, publicado en la revista Humanitas, de la Universidad Católica de Chile lo que ya ha sucedido y sucede en otros campos, o sea, que la Iglesia defienda la validez de la razón y la humanidad del hombre? |
| Cada día se pone más en evidencia en nuestro mundo la irracionalidad, que se convierte en seguida en violencia en las guerras de tanques y aviones, eso sí, supersofisticadísimos, como en las no menos mortíferas de los también supersofisticadísimos laboratorios de la mal llamada ingeniería genética, a la que lleva el abandono de la luz de la fe. Si el hombre no es contemplado como imagen de Dios, con una dignidad inviolable y con un destino eterno justamente a la medida del deseo del propio corazón, también del de aquellos que se empeñan en negarlo, ¿cómo extrañarse de los exterminios de Hitler y de Stalin ayer, o de los embriones asesinados, como de la institución sagrada del matrimonio y de la familia igualmente acechados en busca de su exterminio, hoy?
También se habla de fanatismo religioso, y, en concreto, estos días, de lo peligrosa que debe de ser la religión cuando, en su nombre, se hace la guerra santa en el Próximo Oriente. Nada más lejos de la verdad. Tal religión está gravemente enferma. Y nada tiene de extraño cuando sus promotores léase los distintos Jomeinis fundamentalistas se formaron en las democráticas Universidades de Occidente, donde aprendieron que el hombre se basta y se sobra a sí mismo. ¿No es éste el principio de los que hacen esa guerra territorial y de intereses a la que en seguida bautizan como santa y que, claro, no lo es? ¿No están, en realidad, desconfiando de la fuerza de la propia verdad religiosa quienes tienen que poner su presunta confianza en la fuerza de las armas? Al final..., como los que se autodenominan laicos. Hoy existe una ciega tendencia a oponer lo laico a lo católico, como si la enseñanza de la Iglesia fuera sólo para un determinado tipo de personas. Va siendo hora de caer en la cuenta, empezando por los propios católicos, de que el Camino, la Verdad y la Vida no son ofertas comerciales a elegir en el mercado en que parece haberse convertido este mundo nuestro, sino la única Oferta que nos hace libres a quienes constituimos, no un mercado, sino la entera familia humana. |