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Nuevo libro de Paul Ricoeur
El futuronace de la memoria
Paul Ricoeur (Valence, 1913), profesor de la Sorbona y uno de los filósofos más importantes de este siglo, aborda en su último libro, recientemente publicado en Francia, el problema del mal, la memoria histórica y el perdón, especialmente necesario tras los sangrientos acontecimientos que jalonan este nuestro siglo que termina, y que algunos ya han bautizado como el siglo de la violencia
No tengo una filosofía personal que construyo libro tras libro, sino que todas mis obras tienen un objeto preciso: en cada libro queda un "residuo", un problema sin resolver del que parto para construir mi siguiente libro. Por ejemplo, el primero trataba de la filosofía de la voluntad; a mí, por mi cultura protestante , me preocupaba la mala voluntad y la culpabilidad. Me preguntaba qué era y qué podía hacer una voluntad libre: ¿qué querer?; ¿cuáles son los límites?; ¿qué acciones pertenecen a lo involuntario? Este primer trabajo ("Lo voluntario y lo involuntario", 1950) dejaba un residuo que había descartado ya en el prólogo: el problema del mal. Así explica el filósofo francés Paul Ricoeur, en una entrevista concedida al diario italiano Il Corriere della Sera, la génesis de su último ensayo, La Mémoire, l’histoire, l’obliu (La Memoria, la historia y el olvido, aún no publicado en España), en el que aborda el problema del mal y del perdón desde la perspectiva de la memoria histórica.
Ricoeur, nacido en 1913 en una familia protestante, se considera discípulo de Husserl, y durante la segunda guerra mundial fue prisionero de los alemanes. Naturalmente, pues, su obra vuelve a plantear las grandes tragedias de este siglo, como la Shoah. Precisamente defiende la necesidad de recuperar la memoria histórica sin victimismos, como una forma de reconciliación con el pasado liberándolo de la angustia del mal: No hay que reivindicar la memoria contra la Historia, porque las memorias heridas defienden indefinidamente la propia desgracia contra la desgracia de los demás, la ignorancia o el desprecio de los demás. Por razones profundas y dignas de todo respeto, la desgracia no es compartible. Las memorias heridas no son capaces de decir: la mía es una desgracia entre otras.

¿Cómo abordar entonces el problema de la memoria evitando el riesgo de no poder prescindir de la inevitable carga emocional del sujeto? Ricoeur sigue a Husserl para afirmarse en el objeto: ¿Qué es un recuerdo?; ¿cuál es la diferencia respecto a una ilusión, a una imagen? El segundo momento es: ¿cómo se obtiene un recuerdo? Es aquí donde entra la Historia, que es el motor de la búsqueda. Mientras la memoria tiene un acento propio, que es el recuerdo vivo y reconocido, la Historia construye al infinito, con la esperanza de reconstruir.

El hombre necesita la Historia y la memoria para construir su identidad. Se trata de una "identidad narrativa", construida en el cambio. Necesito conservar cosas del pasado para poder construir sobre sus huellas, unir unas a otras en el horizonte de un proyecto. No se puede separar la memoria del proyecto y, por tanto, del futuro. Nos encontramos siempre ante el reepílogo de nosotros mismos, ante la voluntad de dar un significado a todo lo que nos ha sucedido y su proyección en las intenciones, en las espectativas, en las cosas que hacer. Inevitablemente, en el capítulo de la memoria surge el de la responsabilidad y, por tanto, el del mal. Según Ricoeur, apoyado en la filosofía de Karl Jaspers, es necesario distinguir entre la culpabilidad criminal, que determinan los jueces y que es siempre individual; la culpabilidad política, en cuanto parte de una sociedad que ha cometido crímenes y que, aunque no pueda determinarse una responsabilidad exclusivamente personal, sí hay una contribución a través del silencio o la negligencia; y la culpabilidad moral, basada en el hecho de que todo hombre es consciente de la maldad que hay en su interior, y en la que se entra en la dimensión de lo religioso. Necesitamos de los grandes símbolos para estructurar ese espacio oscuro de la maldad que no es posible analizar ni en términos jurídicos ni en términos políticos, y que es lo que Kant llamaba el "mal radical", contraponiéndolo a la bondad original, que siempre es mucho más profunda. Por muy grande que sea el mal cometido, en todo hombre existe siempre una parte de bondad. La religión no se hizo para condenar. Hay una palabra que dice: "Tú vales más que tus acciones". Se puede liberar el fondo de bondad que hay en cada uno de nosotros siempre que aceptemos ser estructurados por los grandes símbolos que están en la base de las grandes religiones.

Alfa y Omega