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La ONU, ante el nuevo milenio
En una sala casi cuadrangular, en el Palacio de las Naciones Unidas de Ginebra, el artista español José Mª Sert logró marcar en seis grandes murales lo que separa y lo que une a los hombres: la guerra y la esperanza de la paz. En el techo, cinco colosos (las cinco partes del mundo), unen sus manos en el espacio. A sus pies, los sabios españoles discuten, rodeados de alumnos, en la famosa Universidad de Salamanca donde se enseñaban, en el siglo XVI, los rudimentos del Derecho internacional. Obispos, monjes, guerreros a caballo, estudiantes que escuchan o leen grandes libros y campesinos con chambergo asisten a la famosa lección, dirigiendo su mirada hacia Francisco de Vitoria, que con algunos discípulos se encaraman en la esfera terrestre
Desde su cátedra de la Universidad de Salamanca, Francisco de Vitoria, en el siglo XVI, fue el primero que concibió el mundo como una unidad política que tiene el poder de hacer leyes aplicables a todas las naciones y a todos los hombres. La XVII Asamblea General de las Naciones Unidas, en su resolución 1.816, de 7 de diciembre de 1.962, invitaba a los Estados miembros a que establecieran departamentos científicos sobre las posibilidades de la paz y los métodos de resolver los conflictos. Para responder a este llamamiento y con el propósito de descifrar el legado de Vitoria, en 1963, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas pone en marcha el Corpus Hispanorum de Pace. Una veintena de investigadores y catedráticos, bajo la dirección del profesor Luciano Pereña, desarrollaron de manera sistemática y continuada, durante treinta años, la doctrina de la paz de la Escuela de Salamanca. De 1963 a 1989 sus resultados han sido publicados en veintiocho volúmenes.

La sensibilidad humana y sabiduría filosófica permitieron a Francisco de Vitoria poner las bases científicas de los derechos fundamentales del hombre. Muchos de sus principios se han hecho ya realidad, a veces siglos después, y han quedado como definitivos en virtud del alto contenido científico y moral que los inspiran. Y hoy más que nunca sus ideas son plenamente válidas, cuando se trata de rescatar la condición humana frente a una apresurada legislación de nuestra era digital de globalización económica. La dignidad de la persona humana es un valor superior a todo avance científico y debe ser preservado por todos los medios y a cualquier precio.

A lo largo del trienio 1.990-1.992 , la Cátedra V Centenario, de la Universidad Pontificia de Salamanca, y con la ayuda económica de la Comisión Nacional del V Centenario del Descubrimiento de América, hizo público el mensaje de Francisco de Vitoria en coordinación con 43 Universidades de Europa y América. Publicó doce ensayos de divulgación cultural y fueron emitidos ocho informes y manifiestos de reconciliación al servicio de la comprensión histórica entre España y América, en aquella desorbitada y dura polémica sobre la leyenda negra. Paralelamente un equipo de investigadores y profesores americanos se esforzó por incorporar los principios y postulados del maestro de Salamanca en sucesivas reuniones y congresos internacionales organizados por las Naciones Unidas. Con sus conclusiones se ha configurado la nueva Carta de derechos, inspirada en la doctrina de Vitoria:

DERECHOS DE LA HUMANIDAD


- Todos los bienes espirituales, naturales y culturales, logrados por la creación, el trabajo y progreso de las precedentes y actuales generaciones, constituyen el patrimonio común de la Humanidad.

- La Humanidad es la única beneficiaria de los progresos científicos y tecnológicos, por lo cual se reconoce, explícitamente, el libre acceso de todos los pueblos al conocimiento científico y a la tecnología.

- La Humanidad tiene el derecho de disponer siempre de los recursos necesarios para una existencia digna para todos los seres humanos y para todos los pueblos sin excepción.

- La persona humana es responsable de su propio crecimiento, basado en su libertad y capacidad, que le permitan enriquecer sus condiciones humanas.

- Como derecho fundamental de la persona humana y de la necesidad social universal, el derecho a comunicarse es la base del conocimiento recíproco.

- El patrimonio común de la Humanidad está inserto en un orden que es, a la vez, moral; por esta razón el progreso está necesariamente destinado al bien común de la Humanidad.

- El derecho de la Humanidad a la supervivencia no se limita a sobrellevar dificultades económicas, psicológicas, de salud y ambientales; sobrevivir es tener la facultad de superar los obstáculos y, además, de gozar de una vida sin sobresaltos, sana, digna, prolongada y feliz.

- La libertad, reconocida a la Humanidad, de explotar y utilizar para su beneficio las nuevas regiones descubiertas y visitadas del espacio ultraterrestre, incluye el derecho de explotación de los recursos que allí encuentre, en servicio del hombre.

- El derecho fundamental de la persona humana a elegir y cambiar de residencia en cualquier lugar del orbe, es reconocido a la Humanidad para su ejercicio también en espacio ultraterrestre.

- La integración social y cultural es producto de la cooperación y de la comunicación.

- La solidaridad es hoy un deber social universal y también una necesidad que surge de la interdependencia de los pueblos.

- El género humano es uno y único; los hombres integran ese todo, diferente de sus individualidades. La unidad se fortalece en el sentimiento común de ser parte necesaria, y en la conciencia de unidad de todos los hombres.

Las XII Tablas de los Derechos de la Humanidad son la nueva versión de la Carta de Derechos Humanos elaborada por Francisco de Vitoria en 1539 en la Universidad de Salamanca.

Luciano Pereñaç