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El director de Acción mutante; El día de la Bestia; Perdita Durango; y Muertos de risa ha estrenado su última gamberrada, La comunidad, que no es ni la mejor ni la peor de sus películas, pero sí la más perfilada ideológicamente. En ella Alex de la Iglesia hace una disparatada caricatura de la dimensión social del ser humano, poniendo precisamente el acento en su insociabilidad. El film plantea, como los filósofos ilustrados Hume y Hobbes, que el egoismo es el motor de la convivencia, construida y mantenida únicamente en beneficio del propio interés.
El argumento cuenta cómo Julia, que es una agente inmobiliaria, se encuentra accidentalmente con trescientos millones de pesetas en la casa de un vecino que acaba de fallecer. Descubre aterrada que el resto de la comunidad de propietarios llevaba años vigilando al difunto, para repartirse el dinero como buitres en cuanto muriese. Julia se convierte en el objetivo y la presa de esas alimañas, dispuestas incluso a matar por un puñado de dinero. |
| La única alternativa de dignidad moral que nos queda es la imbecilidad. En cuanto tienes un atisbo de inteligencia, te corrompes. Ésta es la afirmación de Alex de la Iglesia a los periodistas como colofón a la presentación de su película. No es sólo una declaración. En el film es Charly, el personaje más torpe, inadaptado y calenturiento, el único que escapa a la mezquindad de la codicia desenfrenada. Julia (Carmen Maura) representa a una persona normal, que es capaz de cualquier cosa por hacer sus sueños realidad, y que cree que el dinero es lo único que puede conseguirlo. No le importa sacrificar su matrimonio con tal de no abandonar su carrera en pos del vil metal. Los demás vecinos son una galería de personajes patéticos y grotescos, que encarnan la decadencia y la desvirtuación de lo humano. Marujas, chulos, playboys y un niño oligofrenizado por la televisión componen un cuadro que recuerda a El Bosco, por lo terrible de su diagnóstico. La comunidad representa todo lo que nos rodea dice Alex. Todos somos seres malvados y mezquinos, sólo que unos lo admitimos y otros no.
Este pesimismo hecho risa congelada es una de las manifestaciones de la versión cínica del nihilismo que nos invade. Todo me da miedo y asco... La única escapatoria que encuentro al abismo que supone mirar las cosas de frente es la comedia, escribe este cineasta, paradójicamente, educado en Deusto. Por eso su retrato es una mezcla de sarcasmo, ironía, hilaridad y crueldad. No hay ningún punto de verdadera humanidad. Que sea una comedia bárbara no es óbice para ello. El día de la Bestia sí tenía un cierto punto de verdad. El envoltorio de La comunidad es fácil, divertido, construido a base de gags. Una de las cosas más simpáticas del film son sus homenajes cinematográficos a La isla del tesoro; La guerra de las galaxias; Matrix... De los peajes obligados del momento se paga el de la blasfemia y el del sexo (aunque no explícito). En fin, un típico producto Andrés Vicente Gómez: muy taquillero, juvenil, modernista y profundamente laicista. Juan Orellana |