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Jesús ColinaRoma Roma ha sido testigo, el pasado fin de semana de un acontecimiento sin precedentes: 1.500 obispos (en todo el mundo hay 4.430) se reunieron para participar en el primer Jubileo de Obispos de la Historia. Algo así no tenía lugar desde la clausura del Concilio Vaticano II, hace más de 35 años. Al igual que los millones de peregrinos que han venido a la Ciudad Eterna, cruzaron la Puerta Santa en señal de conversión, después de haber confesado sus pecados individualmente en el sacramento de la Confesión. Explicando el significado del Jubileo de los Obispos, el nuevo Prefecto de la Congregación para los Obispos, el arzobispo Giovanni Battista Re, recordó las palabras de san Agustín a sus fieles de Hipona: Para vosotros soy obispo; con vosotros soy cristiano. El obispo tiene una responsabilidad enorme frente a los fieles que se le han confiado, pero también él es cristiano entre los cristianos explicó el prelado. Éste es el sentido de este Jubileo: Somos pastores, dijo, no "managers". Nuestra pregunta clave es: ¿Amamos a Cristo? |
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Las celebraciones contaron con la presencia de 39 obispos de España, entre ellos el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y sus obispos auxiliares, el cardenal de Barcelona y el emérito de Toledo.
El encuentro culminante tuvo lugar el pasado domingo, cuando los obispos, provenientes de los cinco continentes, rezaron junto a Juan Pablo II, al final de la Eucaristía jubilar, la oración con la que pusieron a la Humanidad del tercer milenio en manos de la Virgen de Fátima. Los prelados, con el Papa, confiaron a María esta época extraordinaria, tan apasionante como rica de contradicciones. La Humanidad posee hoy instrumentos de potencia inaudita confesaron. Puede hacer de este mundo un jardín o reducirlo a un cúmulo de escombros. El Jubileo de los Obispos se convirtió así en una importante etapa en la renovación traída a la Iglesia durante el Concilio Vaticano II. En estas más de tres décadas, los Sínodos de los Obispos han analizado las diferentes vocaciones y estados de vida y han estudiado la manera en que deben afrontarse los nuevos desafíos de la época actual. Sólo falta abordar la figura del obispo y, como es natural, la renovación tiene que pasar también por los obispos. El Sínodo General del 2001, que se está preparando desde hace ya tres años, tiene este objetivo. Juan Pablo II resumió en tres líneas lo que él considera que es la tarea de un obispo en esta aurora del tercer milenio: Ante el relativismo y el subjetivismo que contaminan buena parte de la cultura contemporánea dijo el domingo pasado en la misa jubilar, los obispos están llamados a defender y promover la unidad doctrinal de sus fieles. Atentos a toda situación en que se pierde o ignora la fe, trabajan con todas las fuerzas a favor de la evangelización, preparando con este objetivo a los sacerdotes, religiosos y laicos. El obispo, en la era digital, no puede ser un manager o un mero administrador, debe ser un misionero: En cuanto personas configuradas sacramentalmente con Cristo, Pastor y Esposo de la Iglesia les dijo el Papa, estamos llamados, queridos hermanos en el episcopado, a volver a vivir con nuestros pensamientos, con nuestros sentimientos, con nuestras decisiones, el amor y la entrega total de Jesucristo por su Iglesia. El Jubileo de los Obispos concluyó con un Congreso de tres días celebrado entre el 9 y el 11 de octubre, organizado por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, centro universitario dirigido por los Legionarios de Cristo, en el que más de doscientos prelados prepararon específicamente el próximo Sínodo General. |