|
|
|
Ante la imagen de la Virgen de Fátima, que había sido traída el pasado fin de semana a Roma, el Papa, junto con 1.500 obispos de toda la Iglesia, hizo un solemne acto de entrega de la Humanidad y la Iglesia del tercer milenio a María. El texto de la oración del Papa a la Virgen puede leerse en la contraportada de este número.
La Santa Sede ha evitado en todo momento utilizar la palabra consagración para referirse a este acto, prefiriendo la de acto de entrega para evitar posibles malinterpretaciones: no se trata de la consagración específica que pidió la Señora a los pastorcillos en 1917, que ya fue realizada por Pío XII hace cincuenta años, y que fue renovada por Juan Pablo II en 1984. En este caso el Papa, que siempre ha manifestado una profundísima veneración a la Virgen de Fátima, a cuya intercesión afirma que debe la vida, tras el atentado de 1981, ha querido, según declaraciones del mariólogo René Laurentin al diario Avvenire, subrayar la figura de María en este Año Jubilar dedicado al Hijo. No obstante, según afirma el teólogo De Fiores en el mismo diario, con este acto se cumpliría a la letra lo que pidió la Virgen de Fátima, ya que en las anteriores consagraciones los obispos no estaban físicamente reunidos, aunque sí espiritualmente. Además de este acto, cabe destacar la pasada celebración del Congreso Mariológico Internacional en el Vaticano, y la conmemoración del 50 aniversario de la proclamación del dogma de la Asunción (noviembre de 1950). Anteriormente se había celebrado lo que ya empieza a conocerse como el Rosario Mundial, rezado un misterio por continente. En el turno de Europa, quien dirigió la meditación fue la propia sor Lucía dos Santos, desde su convento en Coimbra, mediante conexión vía satélite. El propio Juan Pablo II ha querido que las plegarias del rosario recogieran lo más importante del mensaje de Fátima, como una ayuda a la reflexión sobre la historia del siglo XX. I. A. |