RetrocesoA&ONº 229/12-X-2000SumarioMundoContinuar

HABLA EL PAPA

La Eucaristía

En la Eucaristía no se trata de pura conmemoración de un pasado ya extinguido, sino más bien de memorial. En el Antiguo Testamento, el memorial por excelencia de las obras de Dios en la Historia era la liturgia pascual del Éxodo. Esta intersección entre el recuerdo de Dios y el del hombre se encuentra también en el centro de la Eucaristía, el memorial por excelencia de la Pascua cristiana. El acto de recordar constituye, de hecho, el corazón de la celebración: el sacrificio de Cristo, acontecimiento único, realizado una vez para siempre. Esto queda expresado en el imperativo final que Lucas y Pablo refieren en la narración de la Última Cena: Éste es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío [...] Este cáliz es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío.

La Eucaristía es, por tanto, memorial de la muerte de Cristo; ahora bien, también es presencia de su sacrificio y anticipación de su venida gloriosa. Es el sacramento de la continua cercanía salvadora del Señor, resucitado, en el Historia. Este recuerdo vive y actúa de manera especial en la Eucaristía. Sólo la Eucaristía, verdadero memorial del misterio pascual de Cristo, es capaz de mantener vivo en nosotros el recuerdo de su amor. Este llamamiento a la vigilancia hace que nuestras liturgias estén abiertas a la venida plena del Señor, a la manifestación de la Jerusalén celestial. En la Eucaristía, el cristiano alimenta la esperanza del encuentro definitivo con su Señor.

(3-X-2000)