|
|
A. Llamas Palacios
Los rostros de Dios ofrece una muestra de las innumerables representaciones artísticas mediante las cuales el hombre ha querido plasmar la imagen que tenían de su Dios, que daba sentido a la vida. Imágenes, símbolos, signos llegados desde el viejo mundo y sus antípodas, maquetas, montajes audiovisuales, espacios naturales, creaciones arquitectónicas intransportables..., se han reunido, procedentes de los mil mundos y las diversas religiones, que nos separan a la vez que nos acercan, unidos por una Verdad, la Verdad que nos ha sido revelada plenamente en Jesucristo. A través de los siglos, el hombre ha intentado representar de todas las formas posibles a Dios. En palabras del arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, en el año en que la ciudad de Santiago ostenta la Capitalidad Europea de la Cultura, la Exposición "Los rostros de Dios" quiere ser como una ventana abierta al acontecer religioso de la Humanidad en el tiempo y en el espacio, donde el hombre ha mostrado su deseo de buscar y ver el rostro de Dios: "De ti mi corazón ha dicho: Busca su faz; y yo, Yavé, tu rostro buscaré". |
| Deseo vivamente continúa monseñor Barrio que esta muestra pueda ser entendida como una contribución elevada al diálogo interreligioso propugnado por el Concilio Vaticano II. Desde nuestro ámbito católico es muy gratificante levantar acta de este signo de universalidad y apertura en la Ciudad del Apóstol, cuando iniciamos el tercer milenio del Nacimiento de Cristo, quien, "en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación".
El esquema que se ha seguido en la exposición corresponde a un criterio cronológico. Dividiéndola en dos grandes secciones, se han separado las creencias y religiones del pasado, de las vigentes en la actualidad. Además, el judaísmo, el cristianismo y el islamismo tienen una presentación individualizada. La evolución de la representación de los sagrado, que tiene cada una de estas tres religiones, aparece perfectamente explicada en la muestra. La religión cristiana se caracteriza por el empleo de formas icónicas y anicónicas: aparecen entre sus primeras imágenes idiogramas o símbolos como el pez, cuyo nombre griego componía las siglas Jesús Cristo Hijo de Dios Salvador. El judaísmo acentuó la ausencia de imágenes que caracterizaba al monoteísmo bíblico. Sin embargo, con la formación del judaísmo clásico y ortodoxo de la Misná y el Talmud, las comunidades judías conocen representaciones de figuras humanas en mosaicos y pinturas como las de Duras Europos, en Siria. Los motivos más comunes eran objetos, como la Menorá o candelabro de siete brazos, o el arca de la Alianza. El Islam, por su parte, nunca ha permitido alguna representación de lo sagrado mediante imágenes, con el fin de evitar aquello que pudiera conducir a la idolatría o alimentar en el hombre la tentación de sentirse creador confeccionando imágenes. Para compensar este vacío, el Islam desarrolló la caligrafía y el diseño abstracto, geométrico y vegetal. También tienen su lugar en la Exposición las grandes religiones del Lejano Oriente y las que perduran aún en África y Oceanía. La India aparece en el vedismo, brahamanismo e hinduismo, además del budismo. Los rostros de Cristo, finalmente, pretende reunir sentimientos comunes a culturas tan dispares como lejanas entre sí. El respeto y la curiosidad por conocerse entre ellas las mantiene vivas y plenas. Mi alma está sedienta de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo iré y veré la faz de Dios? |