RetrocesoA&ONº 230/19-X-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
Ver oír... y contarlo
Caín anda suelto
Dios todo lo puede
José Francisco Serrano
pserrano@planalfa.es

Otro día el reino de las tinieblas. Otro día los hijos de las tinieblas han vuelto a sembrar de sangre las calles y las plazas de España. Otro día —Dios quiera que sea el último— las palabras pierden su significado ahorcadas en el silencio, un vacío roto por los disparos. Otro día —¡nunca más!, ¡basta ya a la barbarie!— se ha creado la cadena de la comunión de oraciones; ha nacido de los corazones de la gente de bien un anhelo de paz; ha brotado la semilla de la esperanza, única capaz de generar vida.

Hay un eco que conjuga palabras y silencios, que no ha perdido ni un ápice de actualidad y que sirve de pórtico de estas desgarradoras frases, compuestas a la última hora de un gemido-impotencia. Quizá no haya aparecido en los periódicos, pero lo hemos leído, visto y meditado. Es el eco de las palabras que el arzobispo de Granada, monseñor Antonio Cañizares, pronunciara en la homilía durante el funeral por el eterno descando del fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, don Luis Portero: La muerte no es ningún triunfo y menos aún la muerte perpetrada como asesinato terrorista. Una vez más, los asesinos terroristas, que siempre matan cobarde y alevosamente por la espalda, sin dar la cara, envueltos en la mentira y en el engaño, en el desprecio más total por el hombre y su verdad, vuelven a equivocarse cuando piensan que vencen matando. Lo que vence es el amor de Cristo, que en su morir por nosotros ha alcanzado la verdadera victoria, también sobre el terrorismo. Ésta es nuestra fe (...) En una sociedad justa jamás puede albergarse ni tolerarse la violencia asesina. Ningún crimen puede justificarse, por más razones que los que los asestan pudieran imaginar con mentira, que siempre esclaviza y cercena la libertad. Quienes los cometen o los incitan son enemigos del hombre, enemigos de la paz, enemigos de la sociedad, enemigos y amenaza constante de la tierra, tan querida, de quienes dicen falsamente defender. Una tierra se defiende con la paz y el respeto a la vida y sin derramamiento de sangre inocente.

Cuando de muerte se trata, los números no cuentan. Uno, uno, uno es suficiente, porque en esta cifra se ha desdibujado toda la dignidad de la pesona humana. Cuando de muerte se trata, las palabras más duras, y ya no sé qué más duras palabras pueden decir nuestros obispos, son ácido en el imaginario social, en el pensamiento de cada uno y de todos, en la opinión pública y publicada. El diario ABC recoge, en su edición del martes 17 de octubre, algunos párrafos del mensaje de los obispos de Andalucía con motivo del asesinato del coronel médico Antonio Muñoz Cariñanos: Consternados por el más radical desprecio a la vida humana que suponen estos actos terroristas, porque anteponen los intereses de poder o de cualquier tipo a la vida de las personas, los obispos andaluces manifestamos el más absoluto rechazo y condena al pecado que supone toda acción violenta contra la vida. Los atentados terroristas son la expresión máxima contra la libertad personal y social.

El cardenal Antonio María Rouco, arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española, junto con el obispo Secretario, monseñor Juan José Asenjo, han pedido, una vez más, al Príncipe de la paz que convierta los corazones de quienes pretenden alcanzar sus objetivos mediante el terror causado a los ciudadanos por el asesinato cruel e indiscriminado de personas de toda clase y condición, bien asesinando directamente, bien apoyando, encubriendo o justificando de una u otra forma a los autores. Estamos seguros de que las comunidades cristianas nos acompañarán en la plegaria por estas intenciones.

Ya lo han dicho varios prelados: Caín anda suelto, ha renacido de las cenizas de la maldad que anida en el hombre. Pero la mirada de fe es la mirada que penetra y sana los corazones más emponzoñados; es una mirada que se hace efectiva con la oración. El Evangelio del pasado domingo nos decía que Dios todo lo puede. Ésta es nuestra principal convicción.