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Los medios de comunicación han recogido últimamente toda clase de noticias relacionadas con la vuelta al cole. ¿Es sólo un tema de conversación propio del mes de septiembre? ¿Qué ocurre el resto del año? ¿Estamos diciendo con nuestra actitud que eduquen ellos, al dejar la responsabilidad de la educación de nuestros hijos sólo en manos de los profesores, o abandonándoles a su suerte ante la televisión, Internet o el último video juego?
¿Nos hemos planteado seriamente qué educación queremos para nuestros hijos, y si el Estado provee el marco de libertades necesario para que los padres podamos ejercer efectivamente el derecho a elegir el tipo de educación? En medio de la globalización y del desarrollo hemos olvidado que el derecho a educar corresponde a los padres. Ante la violencia y la xenofobia hablamos de la cultura de la paz, quizá sin preguntarnos: ¿qué educa la familia de hoy? O ¿qué papel debe jugar la educación en una sociedad plural e integrada? Estamos creando hombres rotos, sin certidumbres ni referencias, que no saben cómo encarar los retos que les plantea el siglo XXI. Olvidamos formar a personas que se desarrollen orgánicamente tanto en lo físico como en lo intelectual y espiritual, superando la dualidad del hombre actual, desde los valores del humanismo cristiano, con la confianza y seguridad que da sentirse hijo de Dios. En el mes de noviembre se celebra el II Congreso Católicos y Vida Pública que nos llama a todos a reflexionar sobre Cómo educar para una nueva sociedad. A todos. No lo olvidemos. Carla Díaz de Rivera |