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Adam y otros 14
Por su interés reproducimos esta columna que el periodista Ramón Pi publicó en el diario ABC el pasado 5 de octubre
Molly estaba condenada a una muerte temprana cierta, a no ser que se le introdujeran células sanas capaces de frenar la dolencia que padecía. Estas células tenían que provenir necesariamente de su misma estirpe, porque en otro caso el rechazo era también seguro. Adam, su hermano menor, le suministró esas células, procedentes de su cordón umbilical. He aquí una historia emocionante, apoyada por una técnica científica casi prodigiosa. Será como un milagro maravilloso si, finalmente, Molly se cura.
Así se ha presentado la noticia en los medios. Pero el enorme relieve de las informaciones no responde sólo a lo dicho, sino al hecho de que Adam llegó a nacer sólo para suministrar células sanas a su hermana. Esta comprobación se efectuó comparando al minúsculo embrión Adam con otros catorce hermanos surgidos, como él, de otras tantas fecundaciones in vitro. Esos catorce no tenían nombre, pero se lo podríamos poner, para no dejarnos llevar por los sentimientos en unos casos, pero no en otros: allí, en el laboratorio, estaban también Tommy, Anita, Alice, Bernie, Charlie, Lola... Así hasta los catorce; catorce desventurados (incluso algunos tenían la misma enfermedad que Molly, pero no su misma suerte), que fueron sacrificados porque no eran útiles.

Vistas así las cosas, la historia ya no resulta tan ejemplar, sino más bien siniestra, porque lo cierto es que, en la realidad de las cosas, el precio que los padres pagan para salvar a una hija es el dar muerte a otros catorce; ni siquiera Adam vino al mundo porque lo quisieran por sí mismo, sino porque era un instrumento apto para salvar a Molly. Y nada de esto tiene que ver con el respeto a la dignidad humana, evidentemente.

Algunos se aterran ante la posibilidad de que se utilicen estas técnicas hoy a nuestro alcance para seleccionar a los individuos, en un ejercicio del más puro nazismo. Yo me estremezco ante lo que ya se está haciendo en España con millares de fetos ¡de veintitrés semanas!, que son sacrificados sólo porque padecen el síndrome de Down.

Ramón Pi