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Entrevista con la Hermana Pascua Altea, misionera de la Consolata en Colombia
Nostalgia del Evangelio
27 años en Colombia han sido más que suficientes para que la hermana Pascua sienta lo que en Colombia recibe el nombre de Manigua o nostalgia de la selva, nostalgia por llevarel Evangelio. Colombia atraviesa un conflicto interno desde hace 40 años, es un país de creciente desempleo y de bajos salarios, con más de 120.000 hectáreas destinadas a la coca, que autoridades y agricultores pretenden reemplazar por otros cultivos que constituyan una solución económica y viable a sus problemas y no favorezcan el narcotráfico, vía de ingresos de la guerrilla y de los grupos paramilitares. A pesar de ser definido como uno de los países más peligrosos del mundo, donde el secuestro y la extorsión están a la orden del día, son muchos los que no se resignan a abandonar a la gente cuando más lo necesita. En la Hermana Pascua (como prefiere que la llamen) encontré un claro ejemplo...
Rosa Puga Davila

Usted llega un día a un sitio donde las personas tienen costumbres, necesidades y/o modos de vivir la fe distintos a los nuestros ¿Ellos lo ven como una forma de imposición o de reconciliación?

Colombia es eminentemente católica, el 98% de la población está bautizada, es católica. Pero decir que, por estar bautizados, tienen vida cristiana, es otra cosa. También aquí somos bautizados, pero la vida de cristianos ¿cómo la vivimos? En Colombia hay muchas sectas protestantes, y el católico cambia mucho; hay abndantes aldeas en las que el sacerdote pasa meses, e incluso años, para encontrarse con la gente. Encuentra a lo católicos convertidos en protestantes. Sabemos que las sectas protestantes son mantenidas por los Estados Unidos y tienen dinero, si ellos les siguen les prometen que pagan el colegio al niño, el ajuar... Hay esa debilidad, pero cuando hay tanta necesidad lo espiritual pasa a un segundo plano.

El narcotráfico ocupa un lugar muy importante en la vida de los colombianos. ¿Cómo ven este problema los campesinos?

Ellos son conscientes de que eso es malo, pero tienen que criar a sus hijos, y si la coca le da más dinero, se dedican la coca. Yo estuve en un internado de niños y niñas abandonados; los papás los abandonan, no porque no quieran a los niños, sino por la situación de guerrilla. Primero les exigen bienes y, cuando les dicen que no tienen, comienzan a eliminar a los miembros de la familia. La mayoría de los padres se desplazan a Bogotá, una ciudad caótica. Tiene 7 millones de habitantes y su cinturón está habitado por todas estas personas que han hecho desplazamiento forzoso y no tienen ni casa ni qué comer; hay nace la delincuencia común. El 20% de los bienes pertenece a 7 familias, y el 80% de las personas viven en la miseria. Yo hago la distinción entre miseria y pobreza. Pobre me considero yo, que tengo lo necesario para vivir como persona humana, pero el que no tiene ni 5 pesetas para comprar una aspirina no es pobre, es miserable, y Jesús no quiere la miseria, Jesús ha vivido pobre. La miseria es pecado porque es culpa del rico que no deja vivir como persona humana al otro.

Entre las preferencias de las hermanas misioneras de la Consolata figuran los no cristianos, en concreto las minorías étnicas, los que no tienen voz. En particular la familia, los jóvenes y la formación de líderes ¿Cuál es la figura del líder y por qué es tan importante su formación?

En la Misión nos encontramos con muchas aldeas que a veces requieren muchas horas de viaje en Jeep y a caballo, por lo que en cada aldea se invita a los jóvenes interesados en servir a la liturgia. Éstos, como laicos cristianos, como líderes, pueden reunir a la gente, leer el evangelio, compartirlo, confrontarlo con la vida y vivir más cristianamente.

Sus rasgos característicos son el amor a la Eucaristía y a la Iglesia, el espíritu de familia y el anuncio del Reino a través del apostolado misionero. ¿Cómo traduce estos rasgos en su vida hacia los demás?

El misionero, para poder dar a Jesús, tiene que tenerlo y tiene que alimentarse de Él. Yo vivo el momento de la Eucaristía intensamente, escucho lo que Jesús me dice en la lectura, percibo cómo se hace presente y transforma ese pan y ese vino en su Cuerpo y en su Sangre, y está en medio de nosotros… A veces me distraigo, soy humana, pero debo de estar atenta. La Eucaristía es el mejor modo de encontrarme con Jesús. La Iglesia es el pueblo de Dios. Si nos amásemos como nos amó Jesús, y como manda el Evangelio, no habría habido ni odio ni matanzas, porque de morir de enfermedad a morir por una bala hay diferencia. Me decía un muchacho, que estaba llorando, un día borracho: Hermana, papa no ha muerto, lo han matado... En la Iglesia Cristo perpetúa su presencia.

Imagínese por un momento que yo no sé quien es Jesús y la vida no me ha tratado precisamente con amor. Cuénteme, hermana, ¿quién es Jesús?

El hombre tiene en sí la parte del conocimiento de la dignidad, siente y busca el espíritu en sí. Comenzaría diciéndote que, aunque parece que venimos de la nada, en esa nada ante todo había un Dios Padre que nos ama y que nos ha creado y dado todas estas cosas bonitas.

Yo les digo a los niños cierren los ojos…¿Qué ven? Ellos me dicen que nada, y yo les digo: Entonces, una vez no había nada, pero había algo eterno que es Dios, que nunca ha nacido, siempre ha estado, y que nos ama hasta el extremo, y por lo tanto nosotros tenemos que amarnos como Él nos amó.

El narcotráfico ha convertido a la guerrilla y a los grupos paramilitares en adversarios difíciles de combatir por las fuerzas de seguridad del Estado. Se financian con los pagos del secuestro y la extorsión a los que caen en sus manos ¿Cómo se ha sentido en Colombia, sabiendo que podría ser la siguiente víctima de la extorsión o el secuestro?

Nosotros, desde que estamos en misión, sabemos que nuestra tarea es evangelizar y estar con la persona no sólo cuando escucha y está bien, sino también cuando hay que acompañarla en el momento del dolor y del sufrimiento. El misionero debe de estar con ellos en lo bueno y en lo malo, en la alegría y en el sufrimiento, y también saber sufrir con ellos.