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Que callen las armas! Con gran angustia estamos siguiendo la grave tensión que existe en Oriente Medio, que una vez más vuelve a estar sacudido por acontecimientos que han causado numerosas víctimas. No han quedado libres ni siquiera los lugares sagrados. No puedo dejar de exhortar a todos a que terminen cuanto antes con este torbellino de violencia. Invito a todos los creyentes a rezar a Dios para que los pueblos y los responsables de esa región sepan reanudar el camino del diálogo para volver a encontrar la alegría de sentirse hijos de Dios, su Padre común. (11-X-2000) |