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Benjamín R. Manzanares
Ya a comienzos de este año, el Museo de Bellas Artes de Valencia albergó la exposición Joan de Joanes, una nueva visión del artista y su obra, que estuvo comisariada como lo está ahora por su director, don Fernando Benito. Él mismo la acompaña ahora a Madrid, incorporando piezas que no fueron exhibidas entonces, como son las tablas y dibujos procedentes de museos y colecciones particulares de Valencia, Barcelona, Madrid, Estocolmo o Florencia. Joan Macip nombre de pila de Juan de Juanes (c. 1507-1579) fue el segundo miembro de una dinastía de pintores, que trabajó en Valencia durante todo el siglo XVI. Joannes, como se empezó a conocer en su tiempo, se formó en el taller de su padre Vicente Macip, quien practicaba una pintura de corte cuatrocentista. A su sombra y desde muy joven, empezó a colaborar con él. |
| De las dos etapas en las que se suele distinguir las producciones del maestro, en la primera (1530-1550) este pintor valenciano buscó un lenguaje personal hacia lo nuevo con gran diversidad de formas. Esto lo vemos, por ejemplo, en la Resurreción, del Retablo Mayor de la catedral de Segorbe, de 1530. Ya en la tercera década del siglo, adquiere un estilo propio inspirado en Sebastiano del Piombo. Asimiló el arte italiano a través de la atenta contemplación de las pinturas de este pintor, que llegaron a Valencia gracias al embajador Vich. En ellas se empapó del lenguaje del Renacimiento pleno, que fue el norte de su pintura.
Su obra se enriquece después con componentes flamencos, que observamos en su técnica depuradísima o la coloración vibrante y esmaltada que siempre conservó. Ya en 1540, su obra se impregnará de influjos rafaelescos. De Rafael adquiere no sólo las composiciones, sino también el suave esfumato de los contornos y el color. De este primer período, destacan también, entre otros, la Conversión de Saulo, de la catedral de Valencia, o el magnífico Cristo a la columna, de Alba de Tormes. En su segunda etapa, a partir de la muerte de su padre en 1550, Juan de Juanes maneja ya sus propios arquetipos, destinados a una clientela devota. En esta época tendrá que hacer frente solo a los múltiples encargos que le llegan. Este pintor, fundamentalmente religioso, va adquiriendo cada vez más un mayor dominio de la técnica pictórica, abandonando el linealismo y ganando en suavidad y esponjosidad. La gama cromática utilizada es más luminosa y brillante, con tonos más fríos, y carnaciones claras. Sus últimos trabajos dan muestra del absoluto dominio de la técnica adquirido con esfumaturas o calidades de ensueño. De este período, están expuestas obras como la de Alfonso el Magnánimo, de 1557, o El Salvador eucarístico, de la catedral de Valencia. Debemos a este pintor las más famosas imágenes de devoción valencianas de la segunda mitad del siglo XVI, que se convirtieron en prototipos inalterables: del Ecce Homo, de la Inmaculada rodeada de símbolos concepcionistas, de la Dolorosa, del Salvador eucarístico, etc Frente a algunas críticas vanguardistas, Juan de Juanes vuelve a ocupar el sitio que se merece, al lograr delimitar la línea que separa la producción suya, de la del viejo Macip, su padre, hasta ahora entendidas conjuntamente. Plasmó, como pocos, la ensoñación ideal del Renacimiento que le cautivó. |