RetrocesoA&ONº 231/26-X-2000SumarioEl Día del SeñorContinuar
Evangelio
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: Hijo de David, ten compasión de mí.

Muchos le regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: Hijo de David, ten compasión de mí.

Jesús se detuvo y dijo: Llamadlo.

Llamaron al ciego diciéndole: Ánimo, levántate, que te llama.

Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

Jesús le dijo: ¿Qué quieres que haga por ti?

El ciego le contestó: Maestro, que pueda ver.

Jesús le dijo: Anda, tu fe te ha curado.

Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Marcos 10, 46-52