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Os abrazo con especial afecto, queridos jóvenes residentes en los cesntros de la Comunidad Encuentro, encaminados por el sendero del renacimiento espiritual y físico, tras la triste experiencia de la droga. Aprovecho esta circunstancia para repetir a los aquí presentes, y a todos aquellos que están comprometidos en la lucha contra la droga y por la vida en todo el mundo: ¡la Iglesia está con vosotros, camina a vuestro lado! Drogarse nunca es una solución.La Iglesia pretende resaltar con fuerza esta convicción, frente a quienes favorecen la liberalización de las sustancias estupefacientes, o su parcial licitud, considerando que el libre acceso a estas sustancias contribuye a limitar o reducir los daños a las personas y a la sociedad. La droga no se combate con la droga. Ésta es con frecuencia la consecuencia del vacío interior: es rechazo, renuncia y pérdida de orientación que, a menudo, conduce a la desesperación. La droga no se vence con la droga, sino que es necesaria una gran acción de prevención, que sustituya la cultura de la muerte con la cultura de la vida. Vuestras comunidades ayudan a encontrar el sendero de la esperanza a quien ha acabado en el callejón sin salida de la droga. El camino de la esperanza pasa por Cristo. La oración es vuestro apoyo para aliviar el cansancio del camino. Doy las gracias a quienes ayudan a las personas a salir de la droga, y están cerca de las familias que sufren estas situaciones. Agradezco los regalos de don Pierino, iniciador de la Comunuidad Encuentro: la apertura de nuevos centros en Nueva York y en Kazakistán. (20-X-2000) |