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Su pintura parece estar rellena de algodones, cobra vida con suavidad y ligereza; las miradas alicaídas y movimientos llenos de suavidad y ternura, dejan entrever una personalidad llena de sensibilidad, con capacidad para captar el espíritu y la religiosidad de lo que a veces nos pasa desapercibido en los ires y venires de la vida. Zurbarán da vida a los objetos, los dota de una intensa vida espiritual. Sus Vírgenes, Niños, Santos y Cristos aparecen acompañados muchas veces de frutas, vasijas, libros, flores
, que enriquecen la composición incluso desconociendo su significado.Zurbarán, uno de los maestros con más personalidad del Siglo de Oro, y los últimos trabajos de su vida han sido recogidos en Bilbao en una exposición con 25 de sus obras más destacadas, pintadas en este período que se desarrolla entre 1650 y 1664, años que el artista pasa entre Sevilla y Madrid. Siete de los cuadros expuestos no se habían visto antes en España. |
| La epidemia que sufre Sevilla en 1649, la consiguiente crisis económica y la muerte de su hijo Juan, junto con la pérdida de protagonismo que vive por el ascenso de jóvenes pintores con estilos diferentes, como Murillo o Herrera de Mozo, y al cambio de gusto artístico, son circunstancias a las que un Zurbarán de más de 50 años se sobrepuso. Dando muestra de una fortaleza admirable, se marcha a Madrid y comienza de nuevo. Fueron para Zurbarán vivencias tristes, que, paradójicamente, dejaron atrás el naturalismo sombrío y austero que hasta el momento había caracterizado su obra y que le habían hecho célebre en la Sevilla barroca del XVII, dando paso a un estilo sereno y claro, de orientación clasicista, que se decanta por temas marianos, dejando atrás las estampas monacales. Las Vírgenes acompañadas del Niño Jesús y la Sagrada Familia son los motivos más habituales.
Es una Exposición en la que, como Alberti acertó a reflejar en sus versos, la realidad parece reposar en la luz que la desnuda Rosa Puga Davila |