RetrocesoA&ONº 231/26-X-2000SumarioRaícesContinuar
Bilbao acoge 25 obras de la última etapa de la vida de Francisco de Zurbarán
Una luz profunda y desusada
La sala BBK, del Museo de Bellas Artes, de Bilbao albergará hasta el 14 de enero del 2001 las 25 obras más sobresalientes que Zurbarán pintó en la última etapa de su vida (1650-1664), caracterizadas por un estilo claro y sereno, a pesar de las circunstancias trágicas que vive el artista durante esos años
Su pintura parece estar rellena de algodones, cobra vida con suavidad y ligereza; las miradas alicaídas y movimientos llenos de suavidad y ternura, dejan entrever una personalidad llena de sensibilidad, con capacidad para captar el espíritu y la religiosidad de lo que a veces nos pasa desapercibido en los ires y venires de la vida. Zurbarán da vida a los objetos, los dota de una intensa vida espiritual. Sus Vírgenes, Niños, Santos y Cristos aparecen acompañados muchas veces de frutas, vasijas, libros, flores…, que enriquecen la composición incluso desconociendo su significado.

Zurbarán, uno de los maestros con más personalidad del Siglo de Oro, y los últimos trabajos de su vida han sido recogidos en Bilbao en una exposición con 25 de sus obras más destacadas, pintadas en este período que se desarrolla entre 1650 y 1664, años que el artista pasa entre Sevilla y Madrid. Siete de los cuadros expuestos no se habían visto antes en España.

La epidemia que sufre Sevilla en 1649, la consiguiente crisis económica y la muerte de su hijo Juan, junto con la pérdida de protagonismo que vive por el ascenso de jóvenes pintores con estilos diferentes, como Murillo o Herrera de Mozo, y al cambio de gusto artístico, son circunstancias a las que un Zurbarán de más de 50 años se sobrepuso. Dando muestra de una fortaleza admirable, se marcha a Madrid y comienza de nuevo. Fueron para Zurbarán vivencias tristes, que, paradójicamente, dejaron atrás el naturalismo sombrío y austero que hasta el momento había caracterizado su obra y que le habían hecho célebre en la Sevilla barroca del XVII, dando paso a un estilo sereno y claro, de orientación clasicista, que se decanta por temas marianos, dejando atrás las estampas monacales. Las Vírgenes acompañadas del Niño Jesús y la Sagrada Familia son los motivos más habituales.

Es una Exposición en la que, como Alberti acertó a reflejar en sus versos, la realidad parece reposar en la luz que la desnuda 

Rosa Puga Davila

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