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Está claro que el matrimonio es una de las opciones de vida. La historia y la misma enseñanza religiosa lo rubrican en cada página. Si por tozudez u otros motivos hay personas que se atreven a ponerlo en duda, no sé qué argumentos habría que esgrimir para acercarles a una realidad sobradamente palpable. Pero no se trata precisamente de tal demostración. Voy mucho más lejos. Frente al pesimismo que tal vez se respira en nuestra sociedad respecto al debilitamiento del matrimonio cristiano, traído y llevado por los medios de comunicación, y muy especialmente por las revistas del corazón, hay acontecimientos que es oportuno airear a bombo y platillos, que hablan de la actualidad y aprecio del matrimonio cristiano en el momento presente.
Hace dos meses me lo comentaban unos vecinos de la playa: ¿Sabes que hemos celebrado este año las Bodas de Plata de matrimonio? Lo primero que oigo. ¡Qué calladito lo teníais! De calladito, nada; todo lo contrario. Contadme, que esta historia me interesa, y más de lo que vosotros os imagináis. |
| Y mis vecinos de chalet, José y Mercedes, radiantes todavía de los festejos del mes de mayo, narran todos los pormenores de aquella fiesta familiar que, sin exagerar, hay que llamar múltiple con todo derecho:
Que sí, que no, que al final convencieron a cinco parejas más de sus amigos y decidieron los seis matrimonios celebrar sus veinticinco años de casados, acompañados de sus hijos, yernos y nueras. Diseñaron una solemnísima fiesta religiosa en la iglesia de unas monjas de clausura, céntrica en Madrid, invitaron a un sacerdote para que oficiara la Eucaristía y, como si fuera una fiesta de fantasía, soñada en una noche estrellada, resultó un acontecimiento que ni preparado durante todo un año podía salir mejor. Mercedes, me dejáis perplejo. ¡Vaya noticia! Déjame contarte más cosas. El tiempo es todo tuyo. Al principio, algunos amigos, incluso mi hermana, no aceptaban la idea. Ya había pasado un año o más del verdadero aniversario. Otros pensaban que era hacer el ridículo con tanta fiesta y ceremonia. Ni caso. Hablamos con la Superiora de las monjas y lo vio todo muy bien; más aún, se prestaron a poner de su parte cuanto fuera preciso para que la ceremonia religiosa resultara brillante y emotiva. ¡Qué cantos tan bonitos! ¡Qué voces ! ¡Era el cielo en la tierra! Cada matrimonio preparamos nuestro testimonio de acción de gracias en el ofertorio y que leímos con mucha emoción. Bueno, una maravilla. A continuación, la comida en un restaurante, acompañados de nuestros hijos y , lo que no te imaginas finalizado el banquete, todos, en un autobús que habíamos contratado previamente, salimos de excursión a pasar el fin de semana por la provincia de Soria, disfrutando de la naturaleza las seis familias, colmados de alegría por haber podido cumplirse el sueño de todos, la celebración del aniversario de boda. Un acontecimiento que muy bien pudieran subrayar esas revistas que no aciertan a dar una nota real de optimismo cuando hablan del matrimonio cristiano en términos pesimistas y negativos. Lo celebran comunitariamente las seis parejas, junto a un altar imaginario y real a la vez, en el que vuelven a prometerse amor y fidelidad en presencia de Dios y de sus propios hijos; y saben unir a las promesas de cada uno las peticiones solidarias por el resto de matrimonios para que vivan con ilusión y esperanza el preciado sacramento. No se trata de hacer estadísticas en el campo del matrimonio cristiano. A nadie de le oculta que todo el campo no es orégano, ni todo derrotismo. El matrimonio que enseña la Iglesia está ahí, en pie, con muchos seguidores creyentes que lo celebran por primera vez, y muchos otros que hacen por revivirlo a los veinticinco o cincuenta años. El signo celebrativo y el don divino que encierra en sí mismo dan la fuerza necesaria para la estabilidad y madurez de la familia, núcleo de toda sociedad bien constituida. Es de justicia felicitar a esos matrimonios de José y Mercedes, Paco y Manoli Por mal que a veces hayan salido los cálculos, ¿no es más lo que tenemos que agradecer y rubricar en la propia familia, en el interior de nuestro matrimonio, y, por qué no, a la luz de la comunidad cristiana? Justo Sánchez y Sánchez |
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