RetrocesoA&ONº 224/7-IX-2000SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
La familia de don Manuel Indiano —ojalá que la última de las personas asesinadas por ETA— pidió que el cuerpo de su hijo fuese trasladado a Madrid para ser enterrado, después de celebradas las honras fúnebres, en la colegiata de San Isidro. La sentida homilía pronunciada en el funeral por el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Fidel Herráez, ha suscitado en determinados medios de comunicación unos durísimos e injustísimos ataques por parte de quienes echaban de menos en sus palabras una mención a la novia del concejal asesinado. Digo injustísimos, porque, ante todo, eso no es verdad. Reproduzco textualmente: Por eso, vamos a pedir a Dios nuestro Señor en esta Eucaristía, en primer lugar, por el eterno descanso de don Manuel, por sus padres, familiares, "seres especialmente queridos" (las comillas son mías; ¿se puede decir con más delicadeza?), amigos y compañeros, y por todos cuantos aquí estamos, para que desde nuestras respectivas responsabilidades colaboremos en que esa sociedad, que esperamos y necesitamos, vaya haciéndose presente. ¿En vez de echar la lengua a paseo, tanto les costaba informarse un poco de la realidad de las cosas y, cuando menos, leer el texto entero de la homilía?

Dicho esto, no es ocioso recordar una vez más a los incoherentes y a los practicantes de esa curiosísima esquizofrenia del esto sí, porque me gusta, y esto no, porque no me gusta, que todos y cada uno de los seres humanos, por ser hijos y criaturas de Dios nuestro Padre, tenemos una dignidad esencial que nos hace igualmente respetables; pero nuestras ideas y nuestros comportamientos ni siempre valen todos por igual ni siempre son igualmente respetables. Hay comportamientos que no sólo están bien, sino que son admirables y hasta heroicos, por la valentía y gallardía crítica con que plantan cara, por ejemplo, al terrorismo asesino de ETA, a costa de graves riesgos personales; pero a veces algunos corren el riesgo de pasarse de la raya y confundir gallardía moral con arrogancia, y con un insoportable esto es así porque lo digo yo. Pues miren, no: lo que desde el punto de vista de la moral cristiana no es correcto no pasa a ser correcto por el hecho de que lo protagonice una víctima del terrorismo, que por lo demás merece todo honor y respeto. Hay quien, pagado de sí mismo, primero, piensa —y lo que es más sorprendente, lo escribe y lo publica— que la oración que propone el cardenal arzobispo de Madrid para pedir el fin de ETA no tiene sentido, y, después, pretende, además, que esa oración se haga a su gusto y capricho. Un poco de seriedad, por favor; sólo el orgullo puede cegar hasta tal punto que haga creer a un ser humano que para Dios haya algo imposible —naturalmente incluido el final de ETA—. Como magníficamente replicó Juan Manuel de Prada, ¿por qué ese regodeo en negar y pisotear la posibilidad del misterio? La formación religiosa aprendida en casa y en el colegio debería servir a algunos para algo más que para haser grasias sobre el benemérito padre X o la reverenda madre Z.

De esa esquizofrenia caprichosa y self service a la que aludía al principio de estas líneas, es prueba insuperable ese titular de El País del pasado domingo, que dice así: Papa "bueno" y Papa "malo", juntos a los altares. ¡Ahí queda eso para la historia del ridículo periodístico!

Gonzalo de Berceo