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El lunes 15 de mayo, día de San Isidro, mis padres y yo decidimos ir a la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, de Recoletos, y luego ir a la iglesia de San Pascual para oír misa.
Cuando íbamos a cruzar la calle, me tropecé con el bordillo de la acera y empecé a caer hacia adelante cuando, justo, pasaba un coche, y en ese momento noté que alguien me cogía de la chaqueta y me subía a la acera, cayendo atrás en vez de adelante. Mis padres estaban helados porque me habían visto debajo del coche y no se explicaban cómo había podido hacer ese movimiento tan raro de tropezar hacia adelante, y luego caer hacia atrás. Yo creía que había sido mi padre o mi madre quienes me habían cogido de la chaqueta, pero me dijeron que no habían sido ninguno de los dos, ya que se encontraban a unos dos metros de distancia y fue imposible. Desde luego yo noté ese tirón que me empujaba hacia atrás y creo que ha tenido que ser alguien que me protege y me quiere mucho. Desde pequeñita siempre me han dicho que tenemos nuestro Ángel de la Guarda y nuestros seres queridos que están con Jesús en el cielo que nos protegen. Siempre lo he creído, pero ahora he notado esa protección. Cuando estuvimos en misa rezamos y dimos las gracias por no haberme pasado nada, y les pedí a Jesús y a la Virgen que siempre tuviera al lado mío a esos seres queridos y a mi Ángel de la Guarda. Estoy segura de que esa tarde fui salvada de ser atropellada. Pilar Pérez García |