RetrocesoA&ONº 224/7-IX-2000SumarioDesde la feContinuar
Carta pastoral de los obispos de Baleares
La familia cristiana, baluarte de la Iglesia
La familia, transmisora y educadora en la fe es el tema que aborda una reciente Carta pastoral de los obispos de las Islas Baleares. La educación cristiana de los hijos es —dicen— una de las principales prioridades de la Iglesia, de la que las familias cristianas son miembros privilegiados. Aunque el ambiente no sea hoy el más indicado, los obispos animan a las familias a perseverar y a convertirse en baluarte de valores auténticos
Alternativa sólo hay una, advierten los obispos baleares: ¿Cómo queremos que sea el siglo XXI? No basta con soñar. Una correcta educación humana y cristiana de los niños de hoy será la única garantía de un siglo mejor. Por eso la familia, Iglesia doméstica, como la define el Concilio Vaticano II, es para ellos uno de los elementos esenciales de la nueva evangelización que exigen los tiempos. La familia es el espacio natural de la fe, de la vida y del amor; es escuela de fe, para todos sin excepción; pilar de la sociedad y pilar del individuo… Y es, o debe ser, transmisora y educadora de la fe, como reza el documento. Para el matrimonio cristiano, es una cuestión de coherencia: A los novios se les pregunta: "¿Estáis dispuestos a acoger con amor los hijos que Dios quiera concederos y a educarlos según la ley de Cristo y de la Iglesia?" Pero la educación cristiana de los hijos es mucho más que una obligación: Para los padres creyentes es también, y de manera muy significativa, un gran gozo y una de la mayores y más entrañables gratificaciones que reciben. Ellos, que creen que, en Cristo, el hombre y la mujer alcanzan su plenitud verdadera, saben que sus hijos no pueden recibir mayor herencia que los más sólidos fundamentos de la plenitud humana y de la felicidad.
No siempre es fácil, reconocen los obispos de las islas. La familia, tal como la entiende la Iglesia, está en franca contradicción con muchos postulados de la cultura dominante. De entrada, el matrimonio es concebido como un contrato que se hace y se deshace; que ha de durar mientras permanece el afecto. Y donde los intereses de los hijos quedan sometidos a los de la pareja, empezando por decidir el momento de tenerlos y cuántos hay que tener, olvidando el gozo de ofrecer el mejor momento, el que los hijos "desearían", así como cuántos hijos "querrían" nacer y cuántos querrían Dios y la sociedad. Y se continúa por no dedicar a los hijos el tiempo suficiente; por no atender a la repercusión que tiene en los hijos su mal ejemplo; por dejarse manipular por los niños, concediéndoles todo lo que se les antoja a fin de evitarse problemas; o por dejar en manos de otros, por razones de comodidad, la atención preferencial que les deben.

Subyace una mentalidad utilitarista: No quedan espacios –ni humor– para la convivencia y el diálogo sosegado y gratuito. Hasta que llega un momento en que ya no es posible hablar con los hijos, ni cuando se desea ni cuando la necesidad se hace perentoria. Y si éste es un peligro cierto en la relación entre padres e hijos, no menos lo es en la vida conyugal, donde la pareja apenas encuentra el tiempo necesario para estar a solas, que les permita rehacer constantemente el clima de confianza, intimidad y de comunicación gratificante de la época del noviazgo.

La Carta pastoral concluye con algunos consejos prácticos. A las parroquias, Delegaciones diocesanas para la Familia, movimientos matrimoniales… se les pide que busquen crear conciencia en los padres de su responsabilidad educativa, que preparen lo mejor posible los sacramentos del Matrimonio y del Bautismo, que acompañen a los matrimonios y a las familias y les ayuden a participar en la vida de la comunidad cristiana y que procuren una liturgia adecuada a los niños y a las familias. A los padres cristianos se les propone que den testimonio personal de la estima y la práctica de la fe, también mediante los signos religiosos en casa, que dediquen momentos a la oración en familia y que procuren participar activamente en otras instancias sociales y educativas, como la escuela o la catequesis.