|
|
Las actitudes solidarias y los valores que acompañan a éstas parecen tener hoy día más presencia que nunca. Campañas de apoyo al tercer mundo, actividades de voluntariado, un aumento en los proyectos de cooperación, etc... Por otra parte, una de las conclusiones más significativas a las que llega el estudio de la FAD es la importancia que los españoles damos a cuestiones como el orden y la seguridad personal. Se quieren preservar, ante todo, los intereses personales y los de la propia familia. Ésta última aparece como un espacio a proteger y una garantía de protección.
El estudio, fruto de 2.800 entrevistas realizadas, muestra cómo los españoles son defensores, de un modo muy significativo, de su privacidad. Aunque no es una postura mayoritaria, se defiende una moral personal ante cuestiones como el comportamiento sexual o el aborto. Ya no se ve al Estado como algo con capacidad de organizar y conducir la vida de los ciudadanos, sino, más bien, como un garante último de las exigencias básicas de seguridad personal y familiar. Los valores referidos a la religión o a la política han perdido mucha relevancia, y sólo tienen una presencia clara en grupos acotados y minoritarios. Si el tener buenas relaciones familiares alcanza una puntuación de 8,5 sobre 10, el interés por la política o la religión quedan desvalorizados con una puntuación media de 4. En el medio estarían otros valores generales considerados como importantes, como el bienestar cotidiano, el orden social, la solidaridad o el presentismo el disfrute inmediato. Entre los valores ideales y deseables están la citada solidaridad, el altruismo, la preocupación de lo comunitario. Sin embargo, los ciudadanos los califican como irrealizables. Se suele argumentar que la renuncia al ideal de los beneficios colectivos y el optar por posturas de defensa individualista se debe al hecho de vivir en una sociedad competitiva, en no poca medida despiadada. Algunos lo resumen así:Sería bueno ser solidarios pero el ambiente nos obliga a ser competitivos. Todo se arregla diciendo que la culpa es de una sociedad implacable. Y, al final, esto es lo que se enseña a los hijos, con el fin de que no se encuentren en el futuro ante situaciones de indefensión. |
|
LOS VALORES Y LAS DROGAS
Vivir el día a día, el éxito social, el dinero, el disfrute del presente, etc... son algunos de los valores que van cobrando fuerza. El consumo de drogas está en sintonía con estas posturas emergentes en nuestra sociedad. Cuando las drogas y sus consumidores se ven como algo ajeno a lo social, y se reduce a la imagen del heroinómano, se afirma que este grupo carece en absoluto de valores. Sin embargo, cuando las drogas y sus consumidores son percibidos de manera más próxima consumos de fin de semana, consumos experimentales, más recreativos, o más percibidos al estar ligados al éxito social, aparecen en una categoría mucho más normalizada y no suscitan la atribución de contravalores. ¿A dónde hemos llegado para que una parte de la sociedad tenga que recurrir a estas sustancias tan peligrosas, sobre todo a largo plazo? Resulta significativo cómo, en ocasiones, la sociedad adulta percibe y vive ese tipo de consumos como cosa de jóvenes. Y cuando se habla de los valores de los consumidores, a veces se termina hablando de los valores de la juventud. Dentro del saco cosa de jóvenes se mete desde ser solidarios, altruistas o buen amigo de los amigos, pasando por el ser aventureros, tener curiosidad, hasta consumir drogas. Según este informe, los jóvenes no se sienten responsables de su propio comportamiento: hacen lo que se espera que hagan, lo que se les pide que hagan. Van sobre la cuerda floja entre la tranquilidad de lo normal, que es su comportamiento de consumo, y el temor por los riesgos del mismo. A veces, esta disyuntiva se soluciona así: el consumo propio es el normal y el de los otros el descontrolado; la actitud propia es la legítima y la de los que desfasan es la irresponsable. Según este estudio que goza de un 95 % de confianza y un ±1,85 % de error global, una de las cuestiones que reflejan mejor la percepción social de las drogas es la peligrosidad que se les atribuye. Existe una percepción, claramente estereotipada, que atribuye un peligro extremo a sustancias como la heroína, la cocaína, las anfetaminas e incluso los hipnosedantes. Sin embargo, se ven como peligros menores las sustancias legales como el alcohol y el tabaco, y muy cerca de ellas, el cannabis. ¿Por qué se consumen drogas?Entre los motivos que aparecen en este informe, adquieren más importancia cuestiones relacionadas con el placer y la curiosidad (31,1 %), la transgresión social (25,5 %) o la influencia de las modas y la presión social (20,1 %), frente a la percepción clásica de un origen del consumo relacionado con la existencia de problemas personales tanto familiares como laborales (10,9 %). El análisis conjunto de los distintos valores tratados en esta encuesta ha permitido establecer ocho tipo de ideales en los que se pueden ver reflejados distintos grupos de la población española: normativo (93,7 %), altruista (36,8 %), presentista (27,7 %), arreligioso (24,5%), aventurero (7,8 %), ventajista (4,9 %), incívico (2 %) y xenófobo asocial (0,4 %). El estudio relaciona cada uno con la probabilidad de que exista un mayor riesgo o protección frente a los consumos. El normativo que representa a casi un 94 % de la sociedad, muestra la tendencia cultural general: consumo de sustancias legales y cierta protección frente a las ilegales. |