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El pasado 10 de agosto, tras participar en la Eucaristía que presidió el señor obispo de Alcalá de Henares en su catedral, un grupo de de 80 jóvenes de la diócesis complutense entre ellos todos los seminaristas, con seis sacerdotes, partió a Roma como respuesta a la convocatoria del Papa. El Obispo nos invitó a fijar la atención en Cristo como Camino y Puerta y en su Cruz salvadora. Cuando ocho días después, ya en Roma, tuvimos la oportunidad de volver a celebrar la Eucaristía en la iglesia de Santiago y Montserrat con nuestro obispo, las mismas palabras se habían hecho experiencia.
Nos unimos a la peregrinación de la archidiócesis de Madrid y la convivencia con los jóvenes y los pastores de la misma ha sido de gran ayuda. La estancia de varios días en Asís (hemos de agradecer a la Brigada Paracaidista de Alcalá la cesión de 50 tiendas de campaña que utilizamos allí) fue una magnífica preparación a la Jornada Mundial de la Juventud, porque en esta ciudad todo invita a buscar el rostro de los santos y a reconocer cómo su vida de servicio y entrega a Cristo coincide con la felicidad que siempre deseamos. |
| A todos nos impactaron los encuentros con el Papa: su acogida en la plaza de San Pedro el día 15, y la Vigilia y la Misa en Tor Vergata los días 19 y 20. Su alegría, sus gestos acompañando nuestros cantos y palmas, sus lágrimas, sus preguntas directas y sencillas como las de Jesús a sus discípulos servían para acoger su propuesta de seguir a Jesucristo y verificar que sólo Él da cumplimiento a la espera y a la petición que late en el corazón humano.
Las dificultades han sido muchas, pero también hemos visto a mucha gente deseosa de ayudarnos y de facilitar nuestra estancia en Roma. El calor, las caminatas, las incomodidades, los imprevistos han sido ocasión de vivir la peregrinación de modo más intenso, comprobando que más adecuado que la queja es el ofrecimiento; éste hace que nada se pierda y que lo que hemos vivido sea fuente de bien y crecimiento para la Iglesia, para nuestra diócesis, para nosotros mismos. Cada uno de nosotros reconoce como un regalo de Dios haber podido estar, en este Gran Jubileo, en la Jornada Mundial de la Juventud. Además de los aquí referidos, otros jóvenes de la diócesis han participado en ella formando parte de peregrinaciones organizadas por sus propias parroquias, asociaciones y movimientos. Todo un don de Dios que fortalece la esperanza. Francisco Rupérez. Alcalá de Henares |