|
|
Durante los dos días en Tor Vergata, he podido vivir la fe en convivencia con hermanos de todo el mundo. Ha sido algo que me ha dado fuerzas para ver que no soy uno de esos pocos cristianos que somos tan tontos, reprimidos, tristes y un largo etc., sino que soy uno de esos numerosísimos jóvenes que buscamos un encuentro con el Señor, que somos felices, porque tenemos a Quien recurrir para hacer frente a los problemas cotidianos, y que sabemos divertirnos sin necesidad de hacer los excesos que nos vamos acostumbrando a ver en los periódicos. Lo más importante para mí fue lo que nos dijo el Papa en la Vigilia: lo relacionado con la imagen del laboratorio de la fe, y su afirmación de que nunca estamos solos.
La Eucaristía fue realmente impresionante. Pude sentirme verdaderamente hermano de toda la gente allí presente; me sentí miembro de una gigantesca unidad; era realmente precioso escuchar cómo las voces en todos los idiomas imaginables formaban una maravillosa armonía que entendíamos todos. La homilía del Papa me hizo plantearme muchas cosas, especialmente si verdaderamente quiero seguir al Señor, o dejarlo, asustado por la dureza de sus palabras; si busco a Dios realmente, o me busco a mí mismo; y me hizo ver la Eucaristía de una manera totalmente diferente a como la venía viendo antes del encuentro. Me hizo encontrarle un sentido, pude sentir que es más que un mero recordatorio de la Última Cena. Israel Duro López. Madrid Este Jubileo y pasar por la Puerta Santa es un momento muy importante y único en nuestras vidas. Sobre todo por vivir la gracia de Dios desbordante que Juan Pablo II ha tenido la osadía de gritarle al mundo. Es decir, el perdón y el amor de Dios sin excepción y gratuitamente hacia todos los hombres. Somos unos 700 jóvenes del Camino Neocatecumenal de Cádiz y de Jerez, que estamos viendo cómo el Señor nos está diciendo una Palabra de Salvación, no sólo para nosotros, sino también para los que se han quedado allí. Es impresionante ver que verdaderamente Jesucristo ha dado la vida por nosotros y que esta vida es eterna, no tiene fin, y que la muerte no la puede apagar. Manuel Ángel. |
| Para mí, estos días han sido de los mejores de mi vida. Bajamos un gran grupo de Flandes a Roma, y allí nos encontramos con católicos de todo el mundo, desde rumanos a americanos. Después de Roma, mi fe en Dios, y en su Hijo hecho carne, Jesús, se ha fortalecido mucho más. Tengo la certeza de que realmente hay Alguien que está a mi lado, muy cerca de mí. Me encantó el saludo de bienvenida del Papa a los jóvenes extranjeros en la plaza de San Pedro y estar allí con toda esa gente, sosteniendo la bandera de mi país. Tor Vergata fue también muy impresionante: estar allí con más de dos millones de cristianos de todo el mundo, y ver tuve esa suerte al Papa a tan sólo un metro de distancia. El Papa es una persona muy fuerte y le admiro mucho. Es más moderno incluso que muchas otras personas más jóvenes que conozco.
Iré a Toronto en el año 2002, pero hasta entonces quiero hacer experiencia de lo que el Papa nos ha propuesto para cada una de nuetras vidas. Bert Switsers. Antwerp (Bélgica) Soy de India, de Bombay. Estar con dos millones de jóvenes católicos me da esperanza para ver que también ellos quieren vivir el estilo de vida que la Iglesia te propone, y el Papa nos vuelve ahora a repetir. Para mí, ver es creer. Por ejemplo, la respuesta del Papa a Dios es tremenda para mí. Todo esto me da el coraje para volver de nuevo a la India. Winstead. India La Jornada Mundial de la Juventud ha sido como una semilla puesta en nuestra vida.Ahora nos toca cultivarla para recoger los frutos. Francesca. Italia Es inexplicable lo que estamos viviendo. Mi fe estaba muy pobre y, a partir de este momento, la luz ha vuelto a brillar como cuando era una niña o hice mi Primera Comunión. Quiero llevarle a todos los que se quedaron allá lo que he visto aquí. Fernanda Aguiló. Cuando me fui a Roma como voluntaria, pensé que iba para desarrollar un servicio, hacer algo por los otros. Ha sido como recibir un don, recibir mucho más de lo que, desde mi ínfima tarea, yo estaba dando. Agnese. Venecia (Italia) ¡Qué dificil resulta expresar con pocas palabras lo que sucedió en Tor Vergata los días 19 y 20 de este mes de agosto! No asistíamos a un mitin político, ni a la final de la copa de Europa, ni a un concierto de música rock. Sólo eramos millones de jóvenes unidos por un vínculo común: Cristo. Procedentes de todas las partes del planeta, gracias a la convocatoria hecha por Juan Pablo II. No gozábamos de grandes comodidades: pasamos de un calor asfixiante por la mañana, a un frío terrorífico por la noche, dormimos en unas condiciones titánicas..., pero aun así eramos felices, y todo ha merecido la pena. Hemos obtenido de ese gran hombre de Dios, que es Juan Pablo II, una inyección de gracia, valentía y audacia para que, sin complejos, hablemos de Dios; y hemos tomado conciencia de ser el relevo para seguir tirando con más fuerza de esta barca de la Iglesia. Para todos los que no pudistéis asistir os traemos el abrazo del Papa. Colegio Mayor Alsajara. Gracias al encuentro con el Papa, hemos tenido la oportunidad de reforzar nuestra fe en Cristo, vivir momentos inolvidables. Es muy difícil resumirla en palabras, ya que es una vivencia interior muy especial. El Santo Padre nos ha dado fuerza, vida, ilusión, ganas de luchar por una sociedad justa, solidaria, digna. Él confía en nosotros, los centinelas de la mañana en este amanecer del tercer milenio. Nos ha recordado que ¡no estamos solos!, que ¡muchos luchan y con la gracia vencen!; que es a Jesús a quien buscamos cuando soñamos la felicidad; y cómo, diciendo sí a Cristo, decimos sí a nuestros ideales más nobles. El Papa, con esa paz que desprende, esa mirada de cariño y esa sonrisa que nos reconforta..., nos ha llenado. Nos ha dado la luz, la luz de Jesús, porque en el año 2000 es difícil creer; claro que es difícil, pero tenemos la ayuda de la gracia, y sabemos que Cristo nos ama siempre. Nuestro querido Papa nos animó a dar testimonio al regresar a casa, pues de este testimonio tiene necesidad la sociedad. Es urgente cambiar el mundo y dirigirse a Cristo, seguir el camino de la justicia, solidaridad y compromiso por una sociedad y un futuro dignos del hombre. Nos llama a comprometernos y a ser lo que tenemos que ser, pues así ¡prenderemos fuego al mundo entero! La clave, decir sí a Cristo. Laura Asteinza |
|