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Se han reunido los señores de la tierra en la cumbre de la ONU, desde la que, en glosada intervención humanitaria, descienden para traer al mundo el mensaje de la paz. Marisa Cruz adelantaba, en su información del diario El Mundo, el pasado 4 de septiembre, las cifras de la tenida gubernamental: Un total de 115 Jefes de Estado, 47 Jefes de Gobierno y cinco Vicepresidentes. (...) Se trata de la cita diplomática de máximo nivel más extensa y más importante de la Historia, superando incluso la concentración de líderes internacionales que supuso la celebración, en 1995, del 50 aniversario de la creación de la ONU (...) Únicamente los Presidentes de Irak, Sadam Husein; de Libia, Muamar Gadafi; y de Yugoslavia, Slodoban Milosevic, no han sido invitados a la Cumbre.
El Embajador de España ante la ONU, el periodístico Inocencio Arias, se apresuraba a glosar la reunión de familia, el día de la inauguración del magno acontecimiento, jueves 7 de septiembre, con un amplio artículo de opinión titulado La Cumbre del milenio: ruido y nueces, que concluía con la siguiente pregunta: Si la Cumbre sirve, como pretenden los bien pensantes, para reducir, en 15 años, a la mitad el número de los que pasan hambre en la tierra y la ONU se dota de un mecanismo más ágil para apagar los fuegos sangrientos del mundo, podríamos concluir que el ruido ha sido discreto y aceptable, y las nueces no simbólicas, sino provechosas para la Humanidad. ¿Quién tiene la palabra? Lo han adivinado: los Gobiernos. |
| Algo más que palabras, sujetos y verbos concatenados, eran los acordes de las intervenciones de los Presidentes del continente africano. Los periodistas del diario El País desde Nueva York, Enric González e Isabel Piquer, recogían los siguienets testimonios en su información del viernes 8 de septiembre: Liderados por el Presidente de Suráfrica, Thabo Mbeki, los representates de las diversas naciones africanas denunciaron el estado de miseria y desamparo de sus poblaciones, cuya gran mayoría vive con menos de 200 pesetas al día. "Los pobres del mundo esperan a las puertas de las confortables mansiones que ocupan reyes, reinas, presidentes y ministros que tienen el privilegio de acudir a esta cumbre", dijo Mbeki. El Presidente de Zambia, Frederik Chiluba, pidió el perdón de la deuda externa para las naciones más desfavorecidas, y el líder de Ghana, Jerry Rawlings, acusó a los países ricos de corromper su continente. "Por cada dólar corrupto que se guarda en los bancos occidentales, muere un niño africano", dijo Rawlings.
Por último, en este elenco de gritos del silencio, nos sirve el ejemplo que recoje el corresponsal del diario ABC, Alfonso Armada, en su crónica, ya conclusiva, del sábado 9: René Preval, Presidente de Haití, uno de los países más pobres del planeta, se preguntó, ante la Cumbre del milenio, "¿cuál es el valor de poner un pie en Marte cuando hay hambre en muchas regiones de la Tierra?" La mayor concentración de Jefes de Estado de la Historia estos tres días de septiembre en Nueva York se saldó con: un respaldo unánime al papel y valor de las Naciones Unidas, la necesidad de reformar a fondo las misiones de paz para que sean eficaces, la idea de que causas económicas y sociales alimentan muchas guerras civiles de nuestra era y la frontera del 2015 para reducir a la mitad los más de 500 millones de personas que ganan menos de 190 pesetas ( un dólar) al día. Y, por más que nos empeñemos en leer la letra pequeña de las informaciones aparecidas en los diarios españoles, hay una voz, que clama no en el desierto sino en el acuerdo internacional de las naciones, que es la voz del Evangelio, de la diplomacia de la Verdad y del mayor ejército de hombres y mujeres que trabajan entre el barro de la miseria del nuevo Down Jones de la pobreza mundial, que no ha tenido eco en nuestras imprentas. El cardenal Secretario de Estado, Angelo Sodano, según se puede leer en el diario italiano Avvenire, en su edición del 10 del presente mes, dijo en su intervención: La primera tarea de las Naciones Unidas es la de mantener y promover la paz en el mundo. Era éste el objetivo principal de los fundadores de la Organización y permanece actual (...) Con demasiada frecuencia, todavía, la guerra enluta y hace sufrir a los pueblos. Frente al aumento de los conflictos, en particular de las luchas civiles y étnicas, la ONU tiene el deber de intervenir en el marco de la Carta para obtener la paz (...) Tiene que desarrollar sus capacidades de diplomacia preventiva. La Santa Sede aprobará siempre las iniciativas a favor de la paz, entre otras las destinadas a consolidar el respeto del Derecho internacional y a limitar los armamentos. |
| La segunda tarea de la ONU es la de promover el desarrollo. Hoy todavía, una parte importante de la población mundial vive en condiciones de miseria que son una ofensa a la dignidad humana. (...) La situación exige, por tanto, una movilización moral y financiera, que comprenda objetivos precisos para lograr una disminución radical de la pobreza, entre los cuales están: la cancelación de la deuda de los países pobres según modalidades más incisivas, una renovación de la ayuda al desarrollo y una generosa apertura de los mercados. Además, se deben lanzar programas para que el progreso social vaya a la par del crecieminto económico. (...)
La tercera tarea de las Naciones Unidas es la de promover los derechos humanos (...) El combate por los derechos humanos no terminará jamás. Citaré aquí la defensa del primero de ellos, el derecho a la vida, tan a menudo puesto en peligro. (...) Es necesario reafirmar que los derechos humanos no son creados ni otorgados por nadie, sino que son inherentes a la naturaleza humana. Según la Santa Sede, la ley natural, inscrita por Dios en el corazón de cada ser humano, es un denominador común a todos los hombres y a todos los pueblos. Es un lenguaje universal que todos pueden conocer y sobre la base del cual se pueden entender los pueblos. (...) Una cuarta tarea de la ONU es la de garantizar la igualdad de todos sus miembros. En este sentido, son necesarias ciertas reformas, para adaptar su estructura a las realidades actuales y reforzar la legitimidad de su acción. Es preciso que la ONU sea plenamente representativa de la comunidad internacional y no parezca dominada por algunos. (...) Sabiduría de veinte siglos de Historia... José Francisco Serrano |