RetrocesoA&ONº 225/14-IX-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
Conferencia sobre el Patrimonio de la Iglesia, en el IV Congreso Europeo de Guías de Turismo
Síntesis de fe y cultura
Con ocasión del IV Congreso Europeo de Guías de Turismo, celebrado este año en Santiago de Compostela, el padre Bernard Ardura, de la Orden Premostratense, Secretario del Consejo Pontificio de la Cultura, pronunció una conferencia bajo el título: El desafío de la visita turística guiada en los lugares religiosos de Europa. Su ponencia supuso una seria reflexión acerca del significado de la peregrinación y sus relaciones con la visita turística, que constituye una gran responsabilidad para los guías que acogen a gente llegada de todos los rincones del globo. En vísperas de la Jornada Mundial del Turismo, nos parece una reflexión muy sugestiva y práctica
A pocos kilómetros de las murallas de Roma, el historiador nos podría mostrar un muro, cercano a la Via Appia, en el sitio llamado Ad Catacumbas, en el cual, en un lugar ligado a la memoria de Pedro y Pablo, algunos visitantes han dejado en la segunda mitad del siglo III y a comienzos del IV algunos centenares de graffitti con los cuales invocaban la intercesión de los dos Apóstoles. Uno de estos devotos afirma ser ciudadano de Benevento, otros dos, quizá africanos, piden una buena navegación; pero la mayor parte son probablemente de la Urbe. Iban de visita a la Via Appia, especialmente el 29 de junio, día de la conmemoración conjunta de Pedro y Pablo en Roma. Éstos son los primeros testimonios de peregrinos cristianos, evidentemente enmarcados en el desarrollo del culto a los mártires, donde la santificación del tiempo y del espacio se implican mutuamente.

La peregrinación a Jerusalén y Tierra Santa es una práctica cristiana muy antigua. Lo confirma el famoso Viaje de la Beata Egeria, que reproduce la peregrinación que hizo, Biblia en mano, desde la Pascua del año 381 a la del 384. Muy pronto los cristianos se llegaron a las tumbas de los mártires, y especialmente a Roma, a las de Pedro y Pablo, a partir del siglo III, y sobre todo a partir de la construcción de la basílica Vaticana, por obra de Constantino a principios del siglo IV. Después, los cristianos veneraron los sepulcros o las reliquias de otros santos, especialmente los mencionados en los evangelios, como por ejemplo Santiago, aquí en Compostela, o Marta, María Magdalena y Lázaro en Provenza, los fundadores de una Iglesia particular, o iniciadores de un amplio movimiento religioso, como san Martín de Tours en Francia, o san Benito en Italia, san Cirilo y Metodio en Europa Central, san Nicolás en Italia, san Bonifacio en Alemania y Países Bajos, san Patricio y san Columbano en Irlanda, etc.

En la Edad Media, la condición del peregrino es muy especial. El peregrino es un personaje muy considerado, porque su mismo peregrinar se asimila a un estado de vida cercano a lo que hoy llamamos la vida consagrada, si bien este compromiso espiritual se limita a un cierto período de la vida: algunos meses o años.

GUIA TURISTICO Y MONUMENTOS RELIGIOSOS

¿Qué espera la Iglesia de los guías turísticos en el plano cultural y en el modo de presentar los monumentos y el conjunto del patrimonio religioso?

En Europa, asistimos a una sensibilización creciente respecto al patrimonio religioso histórico-artístico, que, más allá de la simple protección de éste, se propone presentar a los turistas, cada vez más numerosos, la memoria de la que este patrimonio es portadora, la intención de su creador, y su significación profunda, que lo lleve a redescubrir el hondo significado del mensaje transmitido por el genio artístico, creador de la obra. El patrimonio cultural religioso no puede reducirse nunca meramente a una cosa de interés artístico e histórico, sino que invita a quien la contempla a entrar en la experiencia cultural religiosa que está en su origen.

Su interés religioso nunca se presenta como valor añadido a su interés cultural, sino que está íntimamente ligado a él. La fe lleva necesariamente a una visión del mundo, y esta visión se despliega en una cultura. La visita guiada que se ofrece a los turistas tendrá que inscribirse en la lógica de este hecho. El papel pedagógico de los guías turísticos es hoy tanto más necesario cuanto que muchos de nuestros contemporáneos no poseen las bases elementales de cultura religiosa y de cultura general para captar fácilmente el mensaje del patrimonio religioso y saborear su belleza propia, que supera incluso su estética, fruto —como ha dicho Juan Pablo II— de una síntesis armoniosa entre la fe cristiana y el genio de los pueblos. Desde esta perspectiva, parece deseable promover y animar un cierto número de propuestas:

- introducir la pastoral del turismo y del tiempo libre y la catequesis a través del arte, entre las actividades específicas habituales de las diócesis;

- idear itinerarios de devoción en una diócesis o en una región, siguiendo el entramado de lugares de la fe;

- hacer de las iglesias lugares abiertos y acogedores, resaltando los elementos, algunas veces, modestos pero significativos;

- prever una pastoral de los edificios religiosos más frecuentados; y publicar documentos simples y claros elaborados por los organismos competentes;

- crear organizaciones de guías católicos, capaces de ofrecer a los turistas un servicio cultural de calidad animado por el testimonio de la fe;

- crear y desarrollar los museos de Arte Sagrado y de Antropología Religiosa, uniendo el interés por la fe y por la historia, evitando que los museos se conviertan en depósitos de objetos muertos;

- suscitar la formación y la multiplicación de fondos, incluso de bibliotecas, especializadas en el patrimonio cultural, cristiano y profano.

Bernard Ardura