RetrocesoA&ONº 225/14-IX-2000SumarioCriteriosContinuar
Aventura humana
El magisterio social de la Iglesia repite sin cesar que la familia constituye una dimensión fundamental de la sociedad. La familia, y es importante hoy especificarlo, entendida como la unión entre un hombre y una mujer necesariamente referida a los hijos y que puede ser reconocida pública y socialmente a través del contrato matrimonial. Es evidente que no todos comparten esta definición de la realidad familiar: los medios de comunicación social, en efecto, presentan normalmente parámetros sociales y culturales bien distintos. No obstante, creemos que es importante recuperar las razones antropológicas de la posición de la Iglesia, porque estamos convencidos de que a ese nivel es posible un diálogo, sobre cualquier cuestión y con todo el mundo, que se revele de una fecundidad inesperada.

Nuestro interés es antropológico. Queremos esbozar las razones por las que el pensamiento cristiano reconoce en la familia una dimensión fundamental de la sociedad, las consecuencias que de este principio se derivan, y los criterios de una adecuada relación entre la familia y el Estado. La familia, tal y como la define la Iglesia, goza plenamente de la posibilidad, por una parte, de concebirse como sujeto de derechos fundamentales. En efecto, las nociones de derecho y deber son, y no sólo desde el punto de vista de la teoría social y política, inseparables: quien es sujeto de derechos es, al mismo tiempo, sujeto de deberes. Cuando un hombre y una mujer contraen matrimonio, y en dicho gesto están realizando un acto de relevancia social, adquieren ante la sociedad una serie de derechos y de obligaciones (no sólo desde el punto de vista legal). Es evidente que dicho conjunto de derechos y deberes no es reconocido ni exigido por parte de la sociedad a una pareja de novios: el vínculo que hasta el momento existe entre ellos no es socialemten equiparable al matrimonio.

Si en el origen de una aventura humana, la de la convivencia entre un hombre y una mujer, o la del crecimiento de los hijos, no existe una certeza real, dicha aventura estará marcada por una trágica carencia.

Angelo Scola
en Humanitas