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| Los británicos se disponen a legalizar la clonación de seres humanos. Y la progresía política de otras naciones no tardará en seguir el abominable ejemplo.
¡Nada, tranquilas, almas cándidas y trastornadas por este anuncio ¿realidad? de que partículas del corazón, de los músculos, de la médula ósea, frágil como un cristal, de seres humanos congelados, destruidos, despedazados en su gestación, servirá para prolongar o mejorar la vida, ya cumplida, de otros seres humanos adultos y, por consiguiente, más poderosos que las criaturas clonadas para ser devoradas por el mito de la eterna juventud! Serenidad y reflexión: la ciencia avanza; y, además, procuraremos borrar de la existencia a los clonados sin que nuestros oídos y nuestras conciencias escuchen sus gritos silenciosos Me pregunto qué entraña femenina entregará una parte de su ser, un óvulo, para que el fruto de su vientre sea sacrificado en el ara del neocanibalismo. Porque esto es así de duro y de fuerte: hombres en potencia convertidos en fuentes de vitalidad para otros hombres. Primero, claro, hay que masacrarlos; pero eso, ¿importa mucho si, al fin y al cabo, nosotros estamos aquí porque nuestros ancestros, los de Atapuerca, se preparaban meriendas fastuosas con los sesos de sus congéneres? También me pregunto por qué dos famosos doctores, Jeckyll y Frankestein, no fueron mujeres. La razón femenina, ¿gestaría monstruos? Pilar Cambra |