RetrocesoA&ONº 225/14-IX-2000SumarioEl Día del SeñorContinuar
Año de Gracia
Madre y Maestra de pueblos, la Iglesia católica fue fundada como tal por Jesucristo para que, en el transcurso de los siglos, encontraran su salvación, con la plenitud de una vida más trascendente, todos cuantos habían de entrar en el seno de aquella y recibir su abrazo.

A esta Iglesia, columna y fundamento de la verdad, confió su divino Fundador una doble misión: la de engendrar hijos para sí y la de educarlos y dirigirlos, velando con maternal solicitud por la vida de los individuos y de los pueblos, cuya superior dignidad miró siempre la Iglesia con el máximo respeto y defendió con la mayor vigilancia.

La doctrina de Cristo une, en efecto, la tierra con el cielo, ya que considera al hombre completo, alma y cuerpo, inteligencia y voluntad, y le ordena elevar su mente desde las condiciones transitorias de esta vida terrena hasta las alturas de la vida eterna, donde un día ha de gozar de felicidad y de paz imperecederas.

Juan XXIII
de la encíclica Mater et Magistra