RetrocesoA&ONº 225/14-IX-2000SumarioEspañaContinuar
Entrevista a Ana Álvarez de Lara, Presidenta de Manos Unidas:
"Nuestra credibilidad es muy alta"
El año 1995 la asociación Manos Unidas conoció por primera vez a Ana Álvarez de Lara. Durante todo este tiempo, llegada casi por casualidad, esta mujer trabajó en diferentes áreas y departamentos de Manos Unidas, desde la Operación Enlace hasta la organización de proyectos determinados en países como Madagascar o Mozambique. Hoy Ana Álvarez es la nueva Presidenta de Manos Unidas y no se puede tener más ilusión por reanudar un proyecto, tan duro como cargado de buenas intenciones, por parte de los miles de voluntarios con los que hoy cuenta la asociación. Aun así, el trabajo no termina nunca
Hoy en día, "Manos Unidas" tiene 85.000 socios. Con tales cifras uno puede pensar que nos encontramos ante una asociación de proporciones gigantescas. Pero "Manos Unidas" se ha ganado el respeto y la confianza de los españoles a base de trabajo voluntario y de amor al prójimo. "Tu indiferencia te hace cómplice", lema de la Campaña contra el Hambre de hace algunos años, resume a la perfección el carisma que circula por las venas de "Manos Unidas". Más tiempo, más ayuda y más implicación para los millones de personas que viven sumergidos en la pobreza es el llamamiento que Ana Álvarez de Lara hace a la sociedad española, para no seguir siendo cómplices de tantas injusticias.

¿Cómo es la situación en la que se encuentra Manos Unidas actualmente?

Una vez que los malentendidos en el seno de la organización han terminado, es mejor mirar hacia adelante, porque tenemos un desafío muy grande con el tercer mundo y no podemos olvidarnos de ello. Ahora mismo tenemos unos estatutos, que han sido siempre los mismos, y en los que está claramente definida su línea de trabajo. Y esa línea de trabajo es la misma desde los orígenes, es decir, desde el año 1960, o sea, que ya son 41 años trabajando en dos ámbitos: por un lado, la sensibilización de la sociedad para remover las conciencias e impedir la indiferencia del primer mundo, y por otro, el desarrollo. Los proyectos de desarrollo son aquellos en los que se materializa nuestra ayuda. Manos Unidas financia proyectos en cinco áreas: educación, sanidad, agricultura, promoción de la mujer y temas sociales; es decir, en todo lo que implica desarrollo. No se trata de darles un pez, sino de enseñarles a pescar, que sean ellos los actores de su propio desarrollo. Todo esto gracias a la ayuda de la sociedad española, que hace posible que, por poner un ejemplo, el año pasado se financiasen 1.017 proyectos en todo el mundo.

¿Siempre centrados en el tercer mundo?

Sí, Manos Unidas es la obra social de la Iglesia española para el tercer mundo: África, Asia, parte de Oceanía y América del Sur y Central. Así como Cáritas trabaja dentro de España, Manos Unidas es una organización exclusivamente española que trabaja para el tercer mundo; no tenemos oficinas en otro país. Y la verdad es que ponemos especial atención sobre la mujer dentro del tercer mundo, porque es la que más sufre, dentro de los pobres. Es la que saca la familia adelante, la que trabaja en el campo..., tiene un status por debajo del hombre. Hay una frase muy bonita que dice que si se educa a un hombre se educa a una persona, pero si se educa a una mujer se educa a una familia. Y es que la mujer transmite todo lo que sabe.

¿Qué papel juega el voluntario en Manos Unidas?

Es que nosotros somos una organización de voluntarios de la Iglesia católica que trabaja para el tercer mundo. Eso es lo que somos y no puede variar, pues supone una de las grandes riquezas que tiene Manos Unidas. Venir aquí es una opción que haces en tu vida, renuncias a tu tiempo libre y prefieres, como cristiano, dedicar tu vida a los demás y no a ti mismo. Eso crea un vínculo muy fuerte y un gran afán de superación, porque sabes que realizas un trabajo y lo tienes que hacer bien. De ti depende: si tú no lo haces, se queda sin hacer. Es decir, que tú eres responsable de que eso funcione. La riqueza espiritual que hay es muy fuerte.

¿Qué proyectos tiene a la vista esta asociación de fieles?

Por un lado, tenemos los nuevos estatutos de la organización, que hay que llevar a cabo. También hay que ocuparse de la formación de los voluntarios, ya que éstos tienen unas responsabilidades muy fuertes y tienen que estar preparados. Queremos poner en marcha un reglamento interno y, sobre todo, llevar a cabo una campaña de captación de voluntarios. Por ejemplo, hoy en día hay mucha gente que se jubila siendo aún muy joven y tienen mucho que dar, además de una formación maravillosa, y aquí se necesitan muchas manos.

¿Cuál es el sueño que tiene como Presidenta de Manos Unidas?

Pues la verdad es que me encantan los desafíos... Ésta es una obra tan grande que a mí me sobrepasa. Como hemos pasado unos tiempos de discusiones internas, a mí me gustaría llegar a un equilibrio, recobrar de nuevo nuestra paz, aunque ya la tenemos, pero me gustaría que de nuevo todos tuvieran la ilusión y la motivación con la que llegaron a Manos Unidas. ¡Hombre!, como utopía, lo bonito sería que Manos Unidas no tuviera que existir, porque eso significaría que no habría un tercer mundo al que ayudar. Pero las utopías son lo que hace que nos movamos: que Manos Unidas siga adelante como hasta ahora, porque tiene un prestigio en la sociedad muy alto, nuestra credibilidad, que es el compromiso de las personas que están aquí dentro, la transparencia en la gestión, que siempre ha sido nuestro estandarte; que la gente sepa que su dinero llega prácticamente íntegro, que se gasta lo mínimo, profundizar en nuestras raíces, que la gente sepa que esto es un compromiso espiritual para las personas, ya que haces una elección porque no puedes permanecer indiferente.

¿Y la Campaña contra el Hambre del año que viene?

Tenemos el enorme privilegio de que la Conferencia Episcopal nos conceda la recaudación del segundo domingo de febrero de todas las parroquias españolas. Para la Campaña todos los años pensamos en un lema, y como ahora empezamos un trienio de lucha por la paz, nos pareció que podíamos centrarnos en él. Es un tema muy importante, porque no se trata sólo de pedir la paz en los países en conflicto, sino entre los hombres de buena voluntad. Y todo lo conseguimos gracias a la sensibilidad de los españoles, que responden muy bien a las peticiones de ayuda que les hacemos. No hay más que ver la generosidad con la que actúan cuando hay una catástrofe.