RetrocesoA&ONº 225/14-IX-2000SumarioEspañaContinuar
Largo brazo de la Iglesia
H. Mintzberg, en su libro sobre el poder de las organizaciones, insite en que a las denominadas ONG´s, que cada vez lo son menos por sus dependencias pecuniarias, se les denomine organizaciones en misión. Y añade que su definición más clara es la de entidades que se configuran de tal forma que la única posibilidad de su desarrollo es satisfacer el motivo por el que fueron creadas.

Vivimos en un tiempo en el que se venden productos, pero se compran marcas. Manos Unidas ha superado, con excelentes calificaciones, la normal crisis de readaptación a los nuevos movimientos de competencia social. Ha dado el salto de la forma más eficaz: volviendo la mirada a su naturaleza, a sus orígenes, a la tierra fértil de la que se nutre el tronco de sus actividades, a la Iglesia. Pedir ayuda económica en nombre de Cristo tiene sus exigencias, muy diferentes a las de una campaña en nombre de la Humanidad, del bien del hombre, de la filantropía propia de siglos pasados y de ideas periclitadas, aunque estos efectos se deriven de la inicial petición cristológica. La intervención episcopal, puesta en solfa por muchos con el estereotipo de que los obispos no quieren profesionales en Manos Unidas, aseveración incierta si se leen detenidamente los estatutos —y ya se sabe que no hay mayor mentira que una verdad a medias—, no ha hecho más que establecer las bases para que Manos Unidas siga siendo un largo brazo extendido de la caridad y de la justicia de la Iglesia en España, más allá de los límites geográficos y humanos.

La herencia de aquella Campaña contra el Hambre que, en 1960, organizaron las mujeres de la Acción Católica Española sigue produciendo sus frutos. Y, como afirma la nueva Presidenta, sus manos, que están ancladas en la realidad, también contienen una utopía: que llegue un día en que, en la puerta de la sede social, se coloque un pequeño cartel que rece: Cerrado porque se han cumplido los fines. A saber, según el artículo 5 de sus Estatutos: el hambre, la desnutrición, la miseria, la enfermedad, el subdesarrollo y la falta de instrucción, producidos entre otras por las siguientes causas: la injusticia, el desigual reparto de los bienes y las oportunidades entre las personas y los pueblos, la ignorancia, los prejuicios, la insolidaridad, la indiferencia y la crisis de valores humanos y cristianos.

José Francisco Serrano