RetrocesoA&ONº 225/14-IX-2000SumarioMundoContinuar
Concluye en Roma el Jubileo de los universitarios
La ciencia, reflejo del Creador"
Diez mil profesores, nueve Premios Nobel, trescientos Rectores de Universidades de todo el mundo, cincuenta y nueve congresos internacionales, mil quinientos conferenciantes. Éstos han sido los números del Jubileo de la Universidad, el encuentro de académicos más grande de la Historia, que comenzó en Jerusalén el 3 de septiembre y que fue clausurado el pasado domingo por Juan Pablo II con una celebración eucarística en la plaza de San Pedro
Estas jornadas jubilares, en las que también participaron dirigentes administrativos universitarios, capellanes y el Foro Mundial de los Estudiantes, comenzaron con encuentros académicos, según especializaciones y sobre los temas más variados. Todas estas grandes citas tenían un mínimo común denominador: delinear las pistas del nuevo humanismo del tercer milenio a la luz de la experiencia cristiana. Juan Pablo II se encontró con los representantes del mundo universitario. Las reflexiones quedaron hilvanadas por una convicción común: la ciencia necesita abrirse a los horizontes de la fe, y la fe a los de la ciencia. En el fondo, confirmaron las conclusiones a las que llega la última encíclica de este Pontífice: Fides et ratio.

El Obispo de Roma se hizo intérprete, en su discurso, de las preocupaciones éticas —en buena parte compartidas por la gente común— ante las nuevas fronteras de la ciencia. En estos momentos, no existen principios morales: en una sociedad relativista, incluso en el campo científico, el único criterio ético son los sondeos o el consenso popular. Se piensa que la voluntad expresada por la mayoría es más que suficiente para determinar la aceptación moral de una ley o de un proyecto científico. Por el contrario, el Santo Padre propuso un nuevo humanismo que converge en una visión de la sociedad, centrada en la persona humana y en sus derechos inalienables, basada en una relación correcta entre individuos, sociedad y Estado, en la lógica de la solidaridad y de la subsidiariedad.

Juan Pablo II concluyó este Jubileo de la Universidad con una celebración eucarística en la plaza de San Pedro, en la que hizo un regalo muy particular a los académicos de todo el mundo: un estupendo icono que representa a María, Trono de la sabiduría, y que será llevado en peregrinación por todas las diócesis del mundo que cuentan con sedes universitarias. Es una obra del sacerdote Marko Ivan Rupnik, un artista eslavo, que se inspira en la tradición cristiana de Oriente.

Al final de la misa, el icono comenzó su periplo por los centros académicos del mundo, al ser entregado a la delegación de catedráticos de Atenas . Fue escogida como primera etapa la capital griega, porque en ella el Evangelio se encontró con la cultura clásica antigua. El 17 de septiembre, la imagen de la Virgen continuará la peregrinación visitando Moscú y otras ciudades rusas.

Jesús Colina
Roma