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A pesar del deterioro de sus cimientos y de la contaminación, sus monumentos han resistido al paso del tiempo: Roma es eterna y, hablando de eternidad, se me ocurre la palabra amor. ¿Qué más eterno que el amor? Todos vivimos por amor y por eso la Iglesia propone en la celebración del Gran Jubileo la proclamación y vivencia de esta eterna palabra.
En el Encuentro mundial de profesores, reunidos en torno al tema: La Universidad por un nuevo humanismo, se trataron diversas cuestiones del saber a través de numerosos congresos en Italia, Tierra Santa y Líbano subdivididos en cuatro áreas: persona humana, visión de las ciencias, la memoria y la creatividad. Existen diversas orientaciones humanísticas y por ello me pareció muy interesante lo que Pedro Morandé Court, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile, afirmó: En todo humanismo hay una denuncia de inhumanidad y un deseo de devolver al ser humano a su centro, sobre la fuente de su dignidad. Hoy día muchos seres humanos realizan actos irracionales y destructivos; utilizamos como arma la razón (eso que al parecer nos diferencia de los animales). Toda proposición humanista denuncia la inhumanidad. El problema es cuando la razón y la sabiduría aparecen divorciadas. Las palabras son palabras. El saber se comunica cuando se puede dar experiencia y testimonio de él. Esto me recordó de nuevo la palabra amor, la palabra eterna, como Roma, que tiene su razón de ser en los que aman. ?? Rosa Puga Davila |