|
|
|
|

|
La Iglesia ha comprendido cada vez más claramente, tras los acontecimientos de las décadas pasadas, en ocasiones dramáticos, que su tarea es la de atender y responsabilizarse del hombre; pero no un hombre abstracto, sino real, concreto e histórico, al que debe ofrecer incesantemente a Cristo como su único Redentor. De hecho, sólo en Cristo el ser humano puede experimentar el sentido auténtico y pleno de su existencia. El cristianismo, por tanto, no puede ser reducido a doctrina, ni a simples principios, pues Cristo, centro del cristianismo, está vivo y su presencia constituye el acontecimiento que renueva constantemente a las criaturas humanas y al cosmos. Esta verdad de Cristo hoy tiene que ser proclamada con vigor, tal y como ha sido defendida valientemente en el siglo XX por tantos testigos de la fe y por ilustres pensadores cristianos, entre los cuales quiero recordar a Vladimir Sergueyevich Soloviev, de cuya muerte se cumple en estos días el centenario. (30-VII-2000) Adoptar a un niño es una gran obra de amor, de la que nace una relación tan fuerte y duradera, que no resulta en nada inferior al fundado en la pertenencia biológica. Cuando tal relación viene tutelada jurídicamente en una familia unida por el vínculo matrimonial, se asegura al niño un clima sereno y ese afecto, tanto materno como paterno, del que necesita para su pleno desarrollo humano. (5-IX-2000) |