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El obispo de Santander, monseñor José Vilaplana, afirma , en la introducción del Catálogo de la muestra, que la diócesis de Santander desea presentar, a grandes rasgos, en esta exposición histórico-artística, cuál ha sido el devenir del acontecimiento cristiano en nuestra región a través de los siglos. La Iglesia, en las diversas etapas de su peregrinación, ha querido y quiere anunciar, celebrar y vivir a su Señor acercándolo a los hombres de todos los tiempos. Nos proponemos, además, descubrir otro aspecto fundamental de la cultura como es el arte, que al servicio de la experiencia cristiana ha alcanzado cotas de máximo esplendor. Deseamos conocer y valorar a nuestros artistas principales, a sus mecenas, a sus promotores, y a todos los que buscaron expresar y dar, a través del arte, gloria a Dios.
El pórtico de la exposición nos habla de El tiempo y el hombre, con la referencia básica de un recorrido por los territorios y los paisajes que han servido de contexto a la evangelización de los pueblos que habitaban el estrecho corredor del centro de la cornisa cantábrica. Los espacios sagrados, monasterios, colegiatas, conventos, cenobios, fueron aglutinadores de hombres santos y de tiempos santos, en la medida en que articularon las horas y los días de las comunidades. La generosidad de una fe vivida llevó a los hombres de estas tierras a peregrinar por los viejos y nuevos mundos. Los misioneros traspasaron las montañas y se adentraron en el mar portando con ellos la Buena Nueva. Los frutos de su misión se pueden atisbar entre las imágenes de marfil y la orfebrería indiana. |
| La colegiata de Santa Juliana, catedral del románico más depurado, acoge un capítulo dedicado al Cielo en la tierra, en el que se nos habla de los centros creadores del arte religioso, de los artistas de Cantabria y de la arquitectura religiosa del los siglos XIX y XX.
Por último, el visitante se sumerge en el espacio de la trascendencia con un apartado dedicado a la Celebración. El arte y la religiosidad popular, la música de las romerías y de las fiestas patronales y la cultura impresa de la devoción de las gentes son algunos de los elementos que componen el colofón de esta singular oportunidad de diálogo fe-cultura. El inventario de imágenes de Nuestro Señor, de la Virgen, en sus muy diversas advocaciones, de los santos, entre los que destaca la sorprendente colección de tallas de san Roque, de pintura de los muy diversos estilos, de escultura, de artes menores, conforman un banquete de una historia pasada, que, aún hoy, se mantiene cercana en la presencia de una fe viva. Bien es cierto que al visitante le queda un regusto de insatisfacción por la ausencia permanente de una explicación, hermenéutica, de lo fundamental cristiano en cada una de sus etapas. Si por algo se ha caracterizado la Iglesia, a lo largo de los siglos, es por su capacidad pedagógica, por la naturaleza catequética de sus obras artísticas. Una exposición, como la que ahora reseñamos, que se circunscriba a un mero decurso de estilos artísticos, es razón necesaria, pero no suficiente, del esfuerzo evangelizador de los nuevos tiempos. La obra de arte es por sí misma un argumento. Pero los cristianos debemos ayudar a desentrañar ese argumento, esculpido en piedra, tallado en madera, recreado en los colores de la pintura, con algo más que su mera publicitación. Ésta es la diferencia específica de una genuina conmemoración de dos milenios cristianos. José Francisco Serrano |