RetrocesoA&ONº 226/21-IX-2000SumarioCriteriosContinuar
Sin trabas
Dios no tiene otros brazos que los nuestros. Con esta expresión se quiere decir que el cumplimiento de sus promesas puede y debe ser procurado por nosotros mismos. La náusea causada por el vacío espiritual e interior de nuestra sociedad, la tensión hacia el totalmente Otro y la exigencia de una salvación absoluta, sin límites ni fronteras, constituyen, por decirlo de alguna manera, el componente religioso del fenómeno del terrorismo, que ha dado impulso a una pasión totalitaria, a una falta de compromisos y a una instancia idealista.

Esta contradicción interna revela la verdadera tragedia del fenómeno del terrorismo, en el que la gran vocación del hombre se convierte en instrumento de un gran engaño. Sin embargo, la falsedad de la promesa del terrorismo queda velada a los ojos del terrorista común, debido a la conexión existente entre esperanza religiosa y cultura moderna. Esta última consiste sobre todo en la convicción de que todas las normas morales tradicionales tienen que ser llevadas ante el tirbunal de la razón positiva para ser analizadas y desenmascaradas como carentes de fundamento. Así la moral no se encontraría en el ser, sino en el futuro y correspondería al hombre mismo proyectarla. El único valor moral posible sería la sociedad futura, en la que encontraría cumplimiento todo lo que hoy todavía no existe.

La nueva moral, por lo tanto, suena de esta manera: es moral lo que sirve para crear la nueva sociedad. Aquello que le es útil puede ser determinado con los métodos científicos de la estrategia política. Es moral lo que construye el futuro: partiendo de esta norma, también el homicidio podría ser moral, pues en el itinerario que conduce a la humanización valdría incluso lo inhumano. En el fondo, no se trata de una lógica diversa de aquella según la cual, en vista de resultados científicos de gran importancia, es lícito sacrificar los embriones. Tampoco es un concepto de libertad diverso de aquel que sostiene que corresponde a la libertad de la mujer el derecho de eliminar a un niño que se opone a su autorrealización. De este modo el terrorismo continúa sin trabas su carrera, en campos de batalla un tantos refinados, con la bendición plena de la ciencia y del pensamiento ilustrado.

Joseph Ratzinger
en ABC, 31-III-1988