Hace mucho tiempo que sabíamos que Salvador Pániker tiene una idea de la religión self-service, es decir, a su peculiar gusto y capricho; pero hasta ahora no se había atrevido a decirlo públicamente. Ahora acaba de declarar: Cada cual debe inventar su propia ideología, su religión a la carta. Pues, ¡qué bien!, ¿no? ¿Se imaginan ustedes lo que sería este mundo si cada cual pensáramos como este señor? Otro que tal baila es Baltasar Porcel, que escribe sin haberla leído, claro, ¡hasta ahí podíamos llegar! sobre la declaración Dominus Iesus a la que califica de tremendo documento, significativamente titulado "Dominus Iesus". ¿Y dónde está lo tremendo y lo significativo? Habrá que aconsejarle al cardenal Ratzinger que otra vez, antes de titular un documento, le pregunte a don Baltasar Porcel. No te digo lo que hay... A gente así es inútil explicarles la realidad de las cosas. Hace tiempo que han cogido su particular perra, rancia y repleta de prejuicios, y no hay quien se la haga soltar. Pocos textos tan serios y responsables como la Dominus Iesus para desenmascarar el pavoroso relativismo rampante de nuestros días, en los que hemos llegado a que alguien que se dice jesuita y periodista, y que al parecer está tan lejos de lo uno como de lo otro, lamente la beatificación conjunta de Juan XXIII y de Pío IX, y califique a éste último como hombre duro y tan discutible que animó la formulación de la infalibilidad pontificia, tan peligrosa para el futuro. ¿Para el futuro de quién? Pero ¿los jesuitas no tenían un cuarto voto de obediencia específica al Papa?
¡Hay que ver el número que han montado algunos sobre un pretendido exorcismo que recientemente habría realizado el Papa en la plaza de San Pedro, y en el que, según ellos, habría estado luchando ¡durante media hora! a brazo partido con el demonio, que habría acabado por no hacerle caso! Si uno se toma la elemental molestia de contrastar mínimamente las informaciones que llegan, se entera fácilmente de que el diario radical de izquierdas romano Il Messaggero poco menos que montó esa movida, y que lo que ocurrió en realidad no fue otra cosa que el Santo Padre atendió un instante a esa persona enferma y a sus familiares, rezó un Padrenuestro con ellos y les dio la bendición, como normalmente ocurre en cada audiencia a los peregrinos cientos de veces al año. Así que ni echó ni dejó de echar al demonio, ni éste se le resistió ni dejó de resistírsele, ni hubo tal exorcismo más que en algunas mentes calenturientas. En cambio, ha habido estos días una noticia preciosísima que aquí no he visto recogida por ninguna parte: Omri Jedda, un palestino, en un acto heroico de altruismo extremo, ha dado su vida para salvar a un niño hebreo que se ahogaba. Ha ocurrido en Jerusalén. Estas cosas pasan, pero aquí ¡qué desgracia, qué le vamos a hacer! se publica lo de Arzallus y lo del exorcismo.
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