RetrocesoA&ONº 226/21-IX-2000SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
Defender la ley es la razón de ser de la Policía y, por tanto, también de la Ertzaintza. El hecho de que una reciente manifestación, en San Sebastián, de los cómplices de ETA fuera formalmente legal en nada impedía que fueran absolutamente ilegales sus gritos de complicidad con los asesinos etarras; si la manifestación paralela contra ETA, en la que fueron disueltos por la fuerza la esposa y los hijos de don José Ramón Recalde junto a muchos otros, no había solicitado la aprobación formalmente legal, en cambio moral, civil y políticamente era una manifestación de acuerdo con la ley, y con el sentido común y con la justicia. Que la Ertzaintza tuviera que disolverla —¿está para eso?— sólo indica hasta qué punto hay carencia de verdadera libertad en Vasconia, y hasta qué punto las cosas, por desgracia, son allí al revés de como deberían ser. Por algo, Arzallus e Ibarretxe —por cierto, está siendo muy comentada la peculiar participación de Arzallus en el homenaje a Chillida— se resisten tanto a convocar unas elecciones anticipadas que les iban a dejar sin mayoría en las urnas, y por eso Anasagasti suelta esa indignidad de que México debe seguir prestando asilo a los asesinos etarras. ¡Curiosa manera de entender la noble figura jurídica del asilo! El director de ABC, José Antonio Zarzalejos, ha dado, una vez más, en la diana al escribir: En el País Vasco, antes pronto que tarde, la catarsis llegará...; tan necesario es que los terroristas sean detenidos como que los que comulgan con sus fines, aunque se digan demócratas, caigan en el mayor de los desprecios sociales y políticos.
Hace mucho tiempo que sabíamos que Salvador Pániker tiene una idea de la religión self-service, es decir, a su peculiar gusto y capricho; pero hasta ahora no se había atrevido a decirlo públicamente. Ahora acaba de declarar: Cada cual debe inventar su propia ideología, su religión a la carta. Pues, ¡qué bien!, ¿no? ¿Se imaginan ustedes lo que sería este mundo si cada cual pensáramos como este señor? Otro que tal baila es Baltasar Porcel, que escribe —sin haberla leído, claro, ¡hasta ahí podíamos llegar!— sobre la declaración Dominus Iesus a la que califica de tremendo documento, significativamente titulado "Dominus Iesus". ¿Y dónde está lo tremendo y lo significativo? Habrá que aconsejarle al cardenal Ratzinger que otra vez, antes de titular un documento, le pregunte a don Baltasar Porcel. No te digo lo que hay... A gente así es inútil explicarles la realidad de las cosas. Hace tiempo que han cogido su particular perra, rancia y repleta de prejuicios, y no hay quien se la haga soltar. Pocos textos tan serios y responsables como la Dominus Iesus para desenmascarar el pavoroso relativismo rampante de nuestros días, en los que hemos llegado a que alguien que se dice jesuita y periodista, y que al parecer está tan lejos de lo uno como de lo otro, lamente la beatificación conjunta de Juan XXIII y de Pío IX, y califique a éste último como hombre duro y tan discutible que animó la formulación de la infalibilidad pontificia, tan peligrosa para el futuro. ¿Para el futuro de quién? Pero ¿los jesuitas no tenían un cuarto voto de obediencia específica al Papa?

¡Hay que ver el número que han montado algunos sobre un pretendido exorcismo que recientemente habría realizado el Papa en la plaza de San Pedro, y en el que, según ellos, habría estado luchando ¡durante media hora! a brazo partido con el demonio, que habría acabado por no hacerle caso! Si uno se toma la elemental molestia de contrastar mínimamente las informaciones que llegan, se entera fácilmente de que el diario radical de izquierdas romano Il Messaggero poco menos que montó esa movida, y que lo que ocurrió en realidad no fue otra cosa que el Santo Padre atendió un instante a esa persona enferma y a sus familiares, rezó un Padrenuestro con ellos y les dio la bendición, como normalmente ocurre en cada audiencia a los peregrinos cientos de veces al año. Así que ni echó ni dejó de echar al demonio, ni éste se le resistió ni dejó de resistírsele, ni hubo tal exorcismo más que en algunas mentes calenturientas. En cambio, ha habido estos días una noticia preciosísima que aquí no he visto recogida por ninguna parte: Omri Jedda, un palestino, en un acto heroico de altruismo extremo, ha dado su vida para salvar a un niño hebreo que se ahogaba. Ha ocurrido en Jerusalén. Estas cosas pasan, pero aquí —¡qué desgracia, qué le vamos a hacer!— se publica lo de Arzallus y lo del exorcismo.

Gonzalo de Berceo