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La escena tiene lugar en Samiksha, estado de Kerala (India). En una casa redonda, situada entre estupendos jardines a orillas de un amplio y perezoso río, un gurú, de larga barba y descalzo, vestido con túnicas de color azafrán, dirige la meditación a un grupo de personas sentadas en taburetes muy bajos. Les invita a "pensar que son un árbol" y "a percibir cómo echan raíces en tierra". "No juzguéis los sonidos, simplemente escuchad". "Tratad de alcanzar al divino que hay en vuestro ser", les dice. El gurú es conocido también con el nombre de padre Sebastián. Es un religioso y sacerdote católico llegado a la India hace ya muchos años. Distingue entre religión y espiritualidad. Esta última es "la experiencia de ser arrebatados por el espíritu divino y en ese nivel uno no se pregunta a qué religión pertenece". A este nivel, las enseñanzas de Cristo, Buda o Mahoma se equivalen. La idea de una Iglesia "católica", que abrace a creyentes de Nueva Delhi o de Kenia, no tiene ningún sentido.
Esta escena descrita por Edward Stourton, periodista de la BBC, en su reciente libroVerdad absoluta (Absolute Truth ) explica muy bien el contexto en el que se ha publicado la Declaración Dominus Iesus de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el carácter único y universal de la salvación traída por Cristo y por su Iglesia. Tras el ocaso de las ideologías, en una sociedad regida por una mentalidad en la que todo es relativo, el vacío espiritual del hombre contemporáneo trata de llenarse en ocasiones con un menú de recetas religiosas, tomadas de aquí y allá, que encuentran una expresión típica en la así llamada New Age. Como es normal, estas corrientes también penetran en la mentalidad de algunos católicos, que han confundido así el diálogo y la colaboración entre los creyentes de las diferentes religiones, promovidos por la Iglesia desde el Concilio Vaticano II, con una nueva espiritualidad a la carta, en la que las religiones se equivalen y Cristo no es más que un gurú o profeta más. Jesús Colina. Roma |