RetrocesoA&ONº 227/28-IX-2000SumarioAqui y ahoraContinuar
Ver oír... y contarlo
Hombre y mujer los creó
José Francisco Serrano
pserrano@planalfa.es

Orwell, el que decía que todos somos iguales, pero unos más iguales que otros, escribió que, hoy, la primera labor del intelectual es recordar lo obvio. Los titulares se han emparejado de hecho, de derecho y de deshecho, en la gran espiral del silencio sobre lo esencial y de la locuacidad de intereses espurios de tendencias individuales capaces de reivindicar derechos sociales inexistentes. A la polémica sobre las parejas de hecho, se le han adherido las más demagógicas descalificaciones de la realidad antropológica del matrimonio y de la familia. Tronó Antonio Gala, en el diario El Mundo, el pasado 19 de septiembre: Yo no pienso casarme con nadie; pero me parece que defender un concepto retrógrado y caduco de la familia es vivir en el neolítico. Por muy popular —y católico— que sea ese partido. Hombre, lo de popular, puede ser cierto; lo de católico, ya lo veremos.

También hemos leído, mutatis mutandis, en el bunker del grupo PRISA, el diario El País, el jueves 21, cómo Vicente Verdú se deslizaba por el terreno de la sociología de la familia, a ver si cuela: De repente la familia ha pasado de estar en crisis, como crónicamente parecía que estaba, a dejar de estar. Nadie habla ya —en un hogar desmontado por los televisores, los ordenadores, los microondas, la ausencia de autoridad o el desajuste horario— de una crisis de la familia. La cohesión de los hogares contemporáneos no se trata de correlacionar con el poder de la coagulación personal de su sangre, sino, ante todo, con el amor, la amistad o el convenio. Las familias se forman de la nada y se desarrollan mediante pactos sucesivos. Ni se constituyen con masas de trascendencia ni se prolongan más por juramento.

En conclusión, que, como afirma el editorial del diario La Vanguardia, del 20 del presente mes, según datos del propio PP, en España hay ahora unas 220.000 parejas de hecho, mientras que el PSOE eleva su número a 600.000. Con estos datos, lo único que no se puede negar es que, en su día, el Parlament no hizo otra cosa que reconocer "de iure" una realidad sociológica. Y el Congreso de los Diputados sigue emplazado a hacerlo. Es hasta cierto punto lógico que el PP no quiera enfrentarse al sector más tradicional de sus votantes, pero tampoco puede permanecer cerrado durante mucho tiempo ante la realidad. De momento, tras la sesión parlamentaria de ayer, sólo se sigue teniendo el compromiso anunciado por el PP de regular las parejas de hecho partiendo de una proposición de ley. Ese mismo día, El Mundo también editorializaba en la barra del equilibrio inestable de su capacidad integradora de pensamiento polimórfico: Reconocer a las parejas de hecho, de distinto o del mismo sexo, derechos en lo tocante a pensiones, o a sucesión, u otros de índole pareja, es de rigor, y el Congreso de los Diputados debería limitarse a sancionarlos, de una vez por todas. Distinto sería extender esos derechos a terrenos que reclaman un mayor conocimiento empírico, como es la adopción.

Vayan, pues, algunos datos empíricos del caso que nos ocupa, aportados por el psiquiatra José Semelas, en la revista juvenil Calibán, del arzobispado de Madrid: La opinión pública ha de considerar datos como, por ejemplo, el de la estabilidad, bastante precaria en las parejas de hecho, precisamente porque falta una raíz sólida en su origen y en el vínculo de la exigencia. En Francia, el 65% de las parejas de hecho duran 2 años, y el 35% restante, en torno a los 5 años. El otro dato es el número de hijos. Más del 51% de las parejas de hecho carece de descendencia, mientras que en los matrimonios institucionales sólo el 9% no la tienen.

No se trata de alimentar la fascinación numérica del periodismo, pero tengamos en cuenta, por lo que respecta a las uniones de personas del mismo sexo, las cifras de la siguiente información publicada en el diario ABC, el pasado día 20: Más del 80 por ciento de la población mundial está de acuerdo en que la definición de matrimonio es un hombre y una mujer (...) Del Campo (Salustiano) apuntó que otros estudios, que ha realizado en varias universidades europeas, revelan que de diecisiete modelos de familia ofrecidos, sólo el modelo referido a ésta como la constituida por un hombre y una mujer casados, con hijos y residencia común, obtiene el cien por cien de aceptación, mientras que la valoración para las opciones restantes osciló entre un 5 y un 6 por ciento. Esperemos que no llegue nunca el día en que ni los números nos consuelen. Entonces sólo nos quedará trabajar por lo esencial, como ha hecho el Columbus School of Law, organización inscrita en la Catholic University of America, que ha enviado a todos los parlamentarios holandeses un e-mail con un texto firmado por 80 catedráticos de Derecho de todo el mundo, que les desaconsejaban aprobar la enmienda a la ley del matrimonio civil que permitiera que dos homosexuales se casen y adopten niños. Como podemos leer en el servicio del 20 de septiembre de Aceprensa, el texto argumentaba que una nueva definición del matrimonio acarreará una confusión moral, social y legal ilimitada, de la que serán víctimas las familias y sus hijos, en el futuro, y con ellos la sociedad entera. (...) Los que suscribimos este documento queremos recordar al Parlamento holandés que, con nosotros, muchos juristas apoyan el matrimonio como contrato entre hombre y mujer. En esta línea representamos la convicción y la praxis de la inmensa mayoría de la Humanidad. Ningún país es una isla. Las consecuencias serán funestas no sólo para Europa, sino también para cada país del mundo. En otras palabras, que para algunos son palabras vergonzantes: defienden la Ley natural.

Y este principio no es ningún hado fatal que nos haga cambiar de timón en el viaje a un arco del espectro político, en el que las derechas y las izquierdas se confunden, como no han dejado de insistir, entre otros, los Luis Antonios de Villena. El nuevo y joven y cada vez más seguido maestro del columnismo español, que ya ha tomado el testigo, para muchos lectores, de sus mayores más cercanos, Juan Manuel de Prada, escribía en una lúcida y lucida columna del ABC, en las calendas sabatinas pasadas: Habría que empezar diciendo que "pareja de hecho" constituye una acuñación contraria a "pareja de derecho"; en términos piadosamente literarios, podríamos afirmar, pues, que hablar de una "Ley de parejas de hecho" equivale a formular una absurda paradoja. Quienes deciden unirse de ipso (lo que el diccionario denomina "amancebamiento" o "concubinato") lo hacen —salvo en las parejas de los homosexuales que requieren tratamiento aparte— porque no acatan las normas jurídicas que regulan la unión entre personas de distinto sexo (...) Matrimonio, si las etimologías no me fallan, viene del latín "mater", madre, y de "moneo", preparar. Un matrimonio, según lo entendían los romanos, se puede definir como una antesala de la maternidad; Gayo nos habla en sus "Instituciones" de esta función primordial que, evidentemente, una pareja de homosexuales no puede desempeñar. ?

Sólo resta una palabra final, en este caso de Juan Pablo II, el Evangelio de la vida no es sólo para los creyentes, es para todos. No nos equivoquemos