Que se lo pregunten, si no, a Antonio Gala que, una vez más, no quiere enterarse, o hace como que no quiere enterarse, en su columnita de El Mundo, cuando escribe bajo el título Parejas de derecho: Me parece que defender un concepto retrógrado y caduco de la familia es vivir en el neolítico. Si lo que Gala quiere decir es que el concepto católico de familia es retrógrado y caduco, está en Babia. Lo que es retrógrado y caduco y vivir en el neolítico y en la ley de la selva es sostener que todo da igual en ese ámbito, y que es familia lo que nunca lo ha sido ni lo será, por muchas ganas que le echen los que quieren cargársela. La verdad no es verdad porque mil o un millón de parejas digan que lo es. La verdad no es cuestión de números, ni de sondeos, ni de estadísticas que, por si fuera poco, además son ridículamente minoritarias, aunque, eso sí, muy exhibicionistas. Leo en otro periódico este titular: Holanda y Dinamarca, los más avanzados, autorizan el matrimonio homosexual. Los más avanzados, ¿en qué? ¿En volver al neolítico? Decir matrimonio homosexual es como decir círculo cuadrado. Otro periódico titula: La ley de parejas, otra ocasión perdida para hacer legal lo que es normal. Normal, ¿ de qué norma? ¿Quién ha dictado esa norma; quién la ha aprobado; quién la quiere imponer? Lo que ha sido y será anormal siempre ¿va a ser normal de repente porque lo diga Blas? Y una palabra más sobre el indignante intento de aprobar que los homosexuales adopten a niños. Por lo que se ve, parece conveniente recordar que la adopción no consiste en asignar un niño a unos que se dicen padres pero que no quieren o no pueden serlo, sino en dar unos padres de verdad a un niño que los necesita. ¿Está claro?
No sé si han visto ustedes la noticia de que, en Auschwitz, donde tanto molestaba un Carmelo, que hubo que retirar, han levantado una discoteca. Ha habido diarios europeos como el Corriere della Sera que han titulado: Auschwitz bailando sobre el horror, y publican, junto a la macabra foto de aquella puerta de ingreso al campo de exterminio, la de una chica prácticamente desnuda bailando en la discoteca. Aquellos a los que les molestaba la oración de las Carmelitas, en expiación por los pecados y crímenes cometidos en aquel lugar horrendo, ante la discoteca se tratan de disculpar diciendo que el pasado no es culpa nuestra. Sin comentarios.
|