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La destrucción del archivo del arquitecto Antonio Gaudí en la Sagrada Familia, en julio de 1936, contribuyó a crear un cierto misterio en torno a los símbolos que Gaudí imprimió en sus edificios. Tal estado de cosas ha dado lugar a un montón de fantasías por parte de escritores muy críticos, interpretando a su aire las formas y elementos decorativos y cayendo en pintorescas interpretaciones.En tal sentido bueno es recordar que Gaudí decía tener imaginación, que no fantasía. Parece como si Gaudí hubiese leído la opinión de Coleridge cuando definió la fantasía como un desarrollo de la memoria, de manera libre e imprevisible, con imágenes pretéritas mezcladas según el propio albedrío. Por contra la imaginación es el poder de percepción de la realidad a dos niveles: el primario, o acto mismo de sentir el mundo a modo de tenue repetición del acto creativo divino; y el secundario, que reelabora esta percepción para convertirla en arte. Efectivamente Gaudí era capaz de percibir la realidad sin prejuicios ni deformaciones profesionales. Juan Munné, el modelista que trabajó con Gaudí en diversas obras, decía del arquitecto que tenía la cabeza clara, en Gaudí té el cap clar, frase digna de ser grabada ad lapidem ya que la mente clara no es habitual entre los humanos, más bien dados a elucubraciones y sofismas. |
| La localización de un escrito autobiográfico de Pedro Viñas, hijo y habitante de la Colonia Güell en Santa Coloma de Cervelló, que tuvo ocasión de colaborar técnicamente en las obras de la iglesia proyectada por Gaudí, ha permitido identificar el simbolismo de una de las más insignes obras nacidas del genio de Gaudí. Este interesante texto se ha conservado por los descendientes de Pedro Viñas y es rigurosamente inédito.
En la Colonia Güell de Santa Coloma de Cervelló, Gaudí proyectó una iglesia que, de haberse concluido, hubiese sido una de sus más completas realizaciones. Imaginó en medio de un bosque de pinos, en una colina junto a la colonia obrera, una interpretación del Santo Sepulcro de Jerusalén, es decir una iglesia inferior o cripta donde estuviera el Sepulcro de Cristo y una iglesia superior donde se figuraría el Calvario o Gólgota. La obra, iniciada en 1908, se interrumpió en 1917 cuando solamente la cripta estaba construida, y dedicada, desde 1915, al Sagrado Corazón, devoción predilecta del cura de la Colonia, mosén Gaspar Vilarrubias Valls. Gaudí lamentó profundamente no poder dar cima a su proyecto, que se abandonó, principalmente, por la enfermedad y muerte de don Eusebio Güell. En el interior de la cripta o iglesia inferior de la Colonia Güell hay cuatro poderosas columnas inclinadas, formadas por base, fuste y capitel de piedra volcánica basáltica de Castellfollit de la Roca, en la Garrotxa (Gerona). Es éste un pueblo levantado encima de un órgano basáltico de imponente efecto, Gaudí mandó llevar a la Colonia Güell grandes fragmentos de basalto, y con ellos compuso las cuatro columnas centrales de la cripta, uniendo base, fuste y capitel con caldo de plomo fundido. Antes de levantar las columnas, el arquitecto mandó a los picapedreros que, utilizando el mazo de mayor tamaño, rompieran las extremidades de las piezas de basalto haciendo saltar los tasquiles o esquirlas grandes de las esquinas, con lo que las columnas presentan un aspecto extremadamente rústico. El resultado sorprendió tanto a don Eusebio Güell, como a Franciasco Berenguer, el ayudante de Gaudí, o a Juan Beltrán, el modelista. Gaudí parecía muy satisfecho de su obra y observaba la sorpresa de los demás sin desvelar los motivos de su decisión. Pedro Viñas Milá (1896-1973) era en 1911 un muchacho, aprendiz de picapedrero y carpintero, encargado tambien de llevar la merienda a la oficina de obras para el equipo técnico de Gaudí, los martes y viernes por la tarde, días de visita al tajo. Sentía el chico una gran admiración por Gaudí y pareció mostrarse muy preocupado por la forma de las nuevas columnas, aunque, por prudencia, no hizo comentario alguno. Gaudí, con su penetrante mirada azul, se apercibió del desconcierto del chico y le preguntó si le gustaba lo hecho. El aprendiz, sofocado, contestó: Sí, don Antonio, me entusiasma. Yo no he visto en ninguna parte lo que veo aquí, aunque el modo de debastar las columnas es un tanto extraño. Entonces Gaudí, dirigiéndose a Berenguer, dijo: ¿Qué te parece, Francisco?, otro que, a pesar de no decirlo directamente, parece que tampoco le gustan las columnas. Aunque hay un atenuante a su favor, a él le intriga saber por qué a mí me gustan. Y por esto me siento obligado a responder. Y dirigiéndose al muchacho le dijo: Tú, Pedro, eres joven y seguramente todavía no has leído la Biblia, y aun menos el Antiguo Testamento. Pues bien, el día que lo leas verás que Dios ordenó a Moisés desde la zarza ardiendo que, cuando levantara un templo de piedra para Él, no la profanase labrándola, sino que la colocara tal como sale de la cantera y así evitar ruidos estridentes no agradables al Señor durante la construcción. Yo he procurado con estas columnas continuó Gaudí seguir el precepto de Dios, aunque sea simbólicamente en unas columnas cuando debería ser en todo el edificio. Efectivamente, en el versículo 25 del vigésimo capítulo del Éxodo se pueden leer las palabras de Dios a Moisés: Si alzas un altar de piedra, no lo hagas con piedras labradas, pues al levantar el pincel sobre las piedras, las profanas. Así, pues, Gaudí, de modo excepcional, dio una explicación de su conducta que para muchos era extraña e incomprensible. Esta descripción, conocida a través del texto inédito de Pedro Viñas Milá, titulado Compendio de una vida complicada, permite entender un poco más el carácter de Gaudí y el significado de los símbolos contenidos en su arquitectura, símbolos que en su mayoría, tienen carácter religioso, como esta interpretación literal del texto del Antiguo Testamento en el libro del Éxodo, con la revelación a Moisés de una interesante norma constructiva, el uso de la piedra inmaculada, la que no conoce cincel ni escarpa y se pone en obra en su estado natural. La originalidad es volver al origen, repitió muchas veces Gaudí; por eso quiso utilizar la piedra original y no la elaborada, que puede ser una obra de arte, pero no obra de la Naturaleza. Es ésta una pequeña pero interesante aportación al proceso de beatificación de Gaudí actualmente en el tribunal eclesiástico designado por el cardenal arzobispo de Barcelona. Juan Bassegoda Nonell |