RetrocesoA&ONº 227/28-IX-2000SumarioEl Día del SeñorContinuar
Año de Gracia
Hay no pocos en nuestro tiempo que, aplicando a la sociedad civil el impío y absurdo principio del llamado naturalismo, se atreven a enseñar que la óptima organización del Estado y progreso civil exigen absolutamente que la sociedad humana se constituya y gobierne sin tener para nada en cuenta la religión, como si ésta no existiera.

Apenas se ha retirado de la sociedad civil la religión y repudiado la doctrina y autoridad de la revelación divina, se oscurece y se pierde hasta la genuina noción de justicia y derecho humano, y en lugar de la verdadera justicia y del legítimo derecho se sustituye la fuerza material (encíclica Quanta cura).

Errores sobre la ética natural y cristiana:

56. Las leyes morales no necesitan de la sanción divina y en manera alguna es necesario que las leyes humanas se conformen con el derecho natural o reciban de Dios la fuerza obligatoria.

58. No hay que reconocer otras fuerzas, sino las que residen en la materia, y toda la moral y honestidad han de colocarse en acumular y aumentar, de cualquier modo, las riquezas y en satisfacer las pasiones (Syllabus).

No podemos pasar en silencio aquel desenfrenado y dañoso amor propio y ansia con que muchos hombres, sin cuidarse nada de sus prójimos, no buscan ni les lleva otra cosa, sino sus propias utilidades y ventajas; hablamos de aquel insaciable deseo de adquirir y dominar, con el cual, dejando de lado las reglas de la honestidad y la justicia, no cesan de amontonar y acumular riquezas con avaricia, valiéndose de todos los medios: sólo preocupados de las cosas terrenales, olvidados de Dios, de la religión y de su alma, ponen criminalmente toda su felicidad en acaparar riquezas (encíclica Quanto conficiamur).

Beato Pío IX