RetrocesoA&ONº 227/28-IX-2000SumarioEn portadaContinuar
Debate entre padres, profesores y alumnos
Aprender, para comprendernos
Durante el período estival nadie se pregunta nada. Bastante trabajo es intentar dejar la mente en blanco y descansar. Sin embargo, cuando comienza un nuevo curso parece que dudas, disconformidades y sugerencias brotan de golpe de algún lugar recóndito donde permanecían calmadas. Hoy la reforma de la enseñanza, las Humanidades y la nota media preocupan a los jóvenes, y de rebote, a los padres que sufren tanto o más el curso escolar. Para exponer las dudas y los temas candentes recién comenzado el curso, Alfa y Omega ha coordinado un debate en el que dos alumnos, Laura Rossignoli e Íñigo Torres, ambos de 16 años, dos profesoras, Pilar Seoane y Beatriz Velasco, y dos padres, Sonsoles Hernández y Rodolfo Gómez, todos ellos del colegio madrileño San José de Cluny, exponen sus opiniones, preocupaciones, no por diferentes confrontadas, no por novedosas desconocidas, pero sí frescas, sencillas, ilusionadas y sorprendentes. La enseñanza es un mundo que implica a muchos y a nadie deja indiferente. El entusiasmo con que se discutía amigablemente es la mejor prueba de ello
A. Llamas Palacios

¿QUÉ ESPERÁIS DE ESTE CURSO?


Íñigo: Sacar nota, es lo que te dicen la mayoría de los profesores que tienes que hacer. El expediente es lo que más cuenta.

Sonsoles: Eso lo tienen muy claro; además en casa los padres lo repetimos mucho. El año que viene, en la prueba PAU (de acceso a la Universidad) tienen que examinarse de los dos cursos y va a ser muy duro.

¿PERO TODOS LOS ALUMNOS TIENEN ESA MENTALIDAD, DE IR EXCLUSIVAMENTE A POR LA NOTA?


Íñigo: Ése es el fin que tenemos, no nos dicen otra cosa, en casa y en el colegio, sobre todo. Además, yo quiero estudiar Telecomunicaciones, y para eso necesito una nota media muy alta.

Laura: La mayoría de la gente que está en bachillerato está porque quiere seguir estudiando, y entonces la mayoría van a por la nota para conseguir la carrera que quieren.

Íñigo: Es que la nota te cierra muchas puertas, y tienes que ir a por todas.

Rodolfo: Pero ¿cuántos años tenéis? Es que estoy asombrado, ¿todos piensan igual que vosotros? ¿Dónde habéis dejado la adolescencia, por ahí perdida? Sois muy formales, sabéis muy bien lo que queréis... Yo creí que a vuestra edad, estabais todavía medio indecisos... Y con lo que oigo de los propósitos que os hacéis...

Íñigo: Bueno, pero es que desde muy pequeños, vamos, desde primero de ESO, te han ido obligando a elegir, lo que quieres hacer, si Ciencias o Letras. Esas elecciones te hacen pensar ya la carrera que quieres hacer.

Sonsoles: En bachillerato todo el mundo intenta salir adelante, todo el mundo quiere hacer una carrera, aunque luego la gente termine haciendo cosas diferentes.

¿Y CON TANTA PRESIÓN POR LA NOTA, CÓMO SOBREVIVÍS? ¿NO ES MUY ANGUSTIOSO?

Laura: Yo me siento ya presionada desde el principio. Otros años no importaba tanto, porque, si suspendías, siempre había otras oportunidades, recuperaciones, etc., pero este año es diferente; a partir de ahora, lo que hagas afecta a tu futuro. Te entra un poco de miedo.

Beatriz: Yo no estoy de acuerdo con lo que habéis dicho. Como madre de dos hijos lo entiendo, pero como profesora, no me acaba de gustar. Es estupendo que los alumnos quieran sacar una buena nota, pero, para un profesor, creo que tendría que haber algo más. Me parece un poco triste, como profesora. Lo veo descarnado, creo que hay un montón de cosas que hacen que no sea sólo la nota la que defina la asignatura. Un alumno puede esforzarse muchísimo en sacar una asignatura, pero puede no estar formándose a nivel intelectual y humano, y eso me parece mucho más interesante.

Cuando pasa el tiempo, os dais cuenta de que la nota que sacasteis en determinada asignatura se os ha olvidado; sin embargo, guardáis en vuestra memoria la manera en que vuestro profesor os hablaba de su asignatura, y en buena medida esto os influye en el cariño o la afición que ahora tenéis por esa materia. ¿Logran ellos inculcaros ese amor?

Íñigo: Nadie valora eso. Nadie te pide que actúes para que te des cuenta de lo que significa en sí la asignatura, que disfrutes estudiando. Siempre es lo mismo: tienes que sacar nota, tienes que sacar nota... Y no es sólo el colegio o tus padres, sino el mundo en general. Todo es tan frío; como no hagas lo que quieres hacer, te mueres de asco.

Laura: Creo que también eso depende mucho del profesor. Hay muchas veces que estás en clase y estás disfrutando porque te interesa y te gusta la explicación, pero claro, llegar a casa y ponerte a estudiar... cuando es obligado todo se ve de otra manera.

RELACIONES PERSONALES


Beatriz: Y eso, en las relaciones personales entre compañeros, ¿os afecta?; ¿hay competencia?

Íñigo: No, yo no considero a mi compañero como aquel que va a quitarme la nota. No veo un ambiente agresivo en ese sentido.

Sonsoles: Yo creo que no hay rivalidad entre ellos.

Íñigo: Yo veo, sin embargo, a medida que crezco, mucha hipocresía, falsedad. Falta mucha sinceridad entre nosotros. Sin embargo, a mí no me importa lo que diga la gente, sólo me importa lo que piensen los que valoro. Los grupos que se hacen en clase son en general muy independientes, y pasan bastante del resto.

¿ES UN TÓPICO OPINAR QUE CADA VEZ LOS JÓVENES SON MÁS DESCARADOS, O ESTÁN PEOR EDUCADOS? ¿ES VERDAD ESO DE QUE CADA VEZ SON PEORES?


Sor Pilar: Yo creo que, en la relación profesor-alumno, las cosas sí que han cambiado un poco, porque falta educación. Ahora hay que obligarles a hacer cosas que, si tuvieran educación, no habría ni que decir.

¿Y ESA FALTA DE EDUCACIÓN, DE DONDE VIENE?


Sor Pilar: Yo creo que la clave está en la familia.

Laura: Sin embargo, yo pienso que los medios de comunicación y la sociedad en la que vivimos tiene también mucho que ver

Sor Pilar: Me parece que hoy en día se confunden los roles en la sociedad. Al igual que tu padre es tu padre y no tu amigo, a pesar de la confianza que tienes con él, tu profesor debe ser lo mismo. Yo veo que las diferencias ahora tienden a desparecer, y eso influye en el respeto.

LA REFORMA

¿Si tan dura es la reforma, cómo es que, constantemente, nace la polémica de la poca preparación que tienen los niños en muchos campos, que se supone tienen que estudiar en el colegio?

Sor Pilar: Yo creo que, en nuestro caso, no podríamos afirmar eso, en este colegio. Pero yo sí que le encuentro fallos en este sistema. El primero es que se hace una elección muy pronto, entre Ciencias y Letras. Ciertamente, se nota mucho el salto de la enseñanza obligatoria al bachillerato. Es muy breve el bachillerato y no da tiempo a que tengan una preparación exhaustiva y, claro, llegan flojos a la Facultad. Sin embargo, yo creo que necesitamos, urgentemente, una reforma de Humanidades. Yo soy profesora de Historia y Filosofía, y veo un disparate que algo tan esencial para que comprendan el mundo de hoy, como es la Historia, se suprima de un golpe para aquellos niños que eligen un bachillerato de Ciencias y que no les examinen de ello, aunque cuenta para nota. Creo que la Historia y la Filosofía deberían estar en primero y en segundo, y no como ahora. La filosofía enseña a pensar, te enseña a ver la vida de un modo humano, y en nuestro sistema de enseñanza te quitan la oportunidad de formar a los niños en esas materias.

Íñigo: Nosotros nos sentimos como conejillos de indias en muchas cosas de la reforma. Yo no veo que tengan nada claro, porque cada poco cambian las cosas. Hace nada, nos han puesto dos horas más de Filosofía y Religión, de repente.

Sor Pilar: Bueno, eso ha sido para poner un parche a la carencia que había.

Íñigo: Cada poco nos traen información nueva del bachillerato, y cambia, y cambia. Te sientes como si estuviera a cargo del ministerio un niño pequeño.

Sonsoles: Iniciar la reforma tiene muchos puntos flojos. Ahora creo que ellos están pagando eso muy caro, el bachillerato tendría que tener tres años y no dos.

CLASE DE RELIGIÓN


Vosotros siempre habéis tenido clase de Religión, porque asistís a un colegio con un ideario católico, claro. Sin embargo, seguro que conocéis a personas que carecen de esta formación...

Íñigo: Hay veces que te quedas un poco alucinado, porque esperas de algunas personas valores que tú crees evidentes, y resulta que ellos no han sido educados en esos valores. A veces esperamos respuestas de otros porque son las que tú darías, pero no siempre responden igual

Rodolfo: El colegio tiene una formación muy buena en valores, pero al quererle meter mucha religión, hay chicos que salen un poco rebotados. Habría que tratar un poco la forma en que se enseña Religión.

Sor Pilar: Nosotros creemos que la fe es lo que da sentido a todo, es la que nos guía y nos da las respuestas. Cuando llega la adolescencia es normal que tengan dudas, creces y tienes que plantearte las cosas. Nosotros no vamos a renunciar a nuestro ideario.

Rodolfo: Yo lo que creo es que lo que habría que plantearse es la forma en que se intenta inculcar los valores cristianos a los jóvenes.

Íñigo: Estoy de acuerdo, porque lo mismo puede ser divertido o no, ameno o no, según el tratamiento que se le de. Nosotros tenemos el ejemplo del viaje a Roma en la Jornada Mundial de la Juventud este verano. Fuimos con el Movimiento Neocatecumenal, casi sin conocerlo. Rezábamos cantando, con la guitarra, bailabas, participabas...

Rodolfo: Eso ya no es tan frío, les llega más.

Sor Pilar: Yo no discuto que hay que cambiar formas, cuanto más mejoremos, siempre será para mejor. Si las cosas se pueden hacer más atractivas, eso será bueno. Pero la libertad está en elegir; una vez que entras aquí no puedes decir que no estás de acuerdo con el ideario, o con la forma de actuar, porque para eso ya has tenido libertad para escoger entre la multitud de colegios que ofrecen otras alternativas.

La conversación hubiera seguido si la tarde no hubiera empezado a decaer. La incipiente oscuridad hizo que pusiéramos fin a un debate tan interesante, en el que, por increíble que parezca, la atención se mantuvo firme en todo momento. Cuando nos despedíamos, Rodolfo propuso que este tipo de encuentros podrían celebrarse más a menudo en el curso, entre padres, profesores y alumnos, porque él había aprendido mucho. No fue el único. Las historias personales que pude oír me remontaron a mis propios 16 años. Creí que los tenía muy cerca en la memoria, pero me dí cuenta de que estaba completamente equivocada. De hecho, todos nos acordamos de nuestra juventud, pero puedo asegurar que nos dominan los estereotipos. Creo que sería bueno escucharles con más frecuencia, porque tienen de todo y es posible que nadie les haya preguntado antes qué es lo que quieren de veras.