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Es frecuente que exista un desfase entre lo que los jóvenes creen saber y lo que realmente saben. No puede haber información sexual sin formación y educación en responsabilidad, para integrar los distintos niveles de la sexualidad y contribuir a la estructuración de un futuro adulto.Al adolescente le cuesta tener gestos correspondientes con la intensidad real del sentimiento, hace antes de hablar, y busca criterios de discernimiento para poder realizar sus elecciones. Lentamente debe aprender a hacerse responsable de sus actos, descubriendo que la libertad no es hacer lo que se quiere, sino realizar en la propia vida un camino con sentido y significado. ¿Qué debe cuidar el adulto en su diálogo con el adolescente?: - Mantener la posición de diferencia sexual. Es necesario aceptar que, en cada uno, la educación esta marcada por su propio sexo y su propia historia, y que tanto las preguntas como las respuestas emitidas están determinadas por este dato. Mantener la diferencia generacional. Es necesario hablar y actuar frente a él como un adulto. Hoy la sociedad tiende a difuminar estas dos diferencias, y aceptarlas es fundamental para el proceso educativo. Los adolescentes deciden adoptar un estilo de vida diferente como parte del asentamiento de su identidad, y comenzando un proceso necesario de separación. Imitar su estilo y lenguaje les dificulta proyectarse en el futuro. - Negociar la carencia, el no saber del joven, la espera. La respuesta que demos a una pregunta no ha de ser la más clara y contundente, sino la que más pueda facilitar la apertura del diálogo. Generalmente (salvo en ocasiones muy excepcionales), no nos jugamos todo de un momento para otro. Ante una pregunta, debemos tener los elementos de respuesta en la cabeza, pero no precipitarnos en mostrarlos, sino contribuir de modo progresivo a la reflexión del chico/a, para que pueda ser capaz de ir elaborando su propia respuesta. - Los jóvenes necesitan que los adultos no se limiten a transmitir información, sino que les acompañen en su búsqueda de sentido. Todos somos seres relacionales, marcados por carencias, llenos de deseos, y llamados a la responsabilidad. |
| CINCO TIEMPOS DE DIÁLOGO
Ante la pregunta del adolescente hay que cuidar los cinco tiempos del diálogo: - Acogida de la pregunta y moderación del sentimiento. Toda pregunta es válida y ocasión de encuentro y educación, desde la más personal o profunda hasta la más provocativa o implicante. El problema no es nunca la pregunta, sino nuestra capacidad para acogerla. La ansiedad, el juicio o el miedo siempre es mal consejero; por lo tanto, en un primer momento, recuerda: tranquilo. - Escuchar bien, para entender lo que realmente están preguntando. Escuchar no significa callarse, sino demostrar, con nuestra respuesta, que hemos captado lo que el joven ha dicho y sentido, y para ello lo mejor es reformular sus palabras y su sentimiento. Es difícil escuchar de verdad cuando estamos demasiado implicados afectivamente. - Explicitar lo positivo. Normalmente tendemos a escuchar lo que no es justo y perfecto, cuando, en realidad, de toda pregunta se puede extraer una parte positiva que mostrar al joven. - Aplicar a uno mismo lo positivo que acabamos de destacar. Es decirle: En este momento somos dos y tu pregunta me interesa tanto que puedo enriquecerme en este diálogo contigo. - Expresar lo que pensamos y sentimos. Los jóvenes van hacia un adulto que tiene un pensamiento. Es necesario este mensaje: He oído lo que has dicho, y ahora te voy a decir lo que pienso. Tú debes juzgar en tu interior todo esto y hacer lo que creas más verdadero y necesario. Tú y yo podemos seguir hablando porque tenemos en común buscar un significado. (No le gusta al joven no tener él la última palabra.) La familia es el fundamental agente de educación afectivo sexual, porque conociendo a cada hijo y el momento que atraviesa ofrece un significado a cada instante. Lo fundamental es no temer el diálogo, todo se puede y debe hablar. Propiciarlo haciéndonos asequibles, no enjuiciando, diferenciando acto de persona, mostrando con sinceridad nuestras respuestas, pero también y fundamentalmente, mostrando respeto y acogida a las reacciones del joven. La respuesta del educador debe de estar en sintonía con la respuesta del joven, partir de su realidad, para construir su futuro y desarrollar su propia responsabilidad. La mejor forma de hablar del amor es ser una presencia que ama. Amar a los adolescentes es también dejarles el espacio que necesitan para que expresen lo que deseen expresar. Un padre, un educador, puede fracasar en el proyecto que tiene hacia sus hijos, hacia sus alumnos, pero es un buen educador si nunca deja de estar presente, de escucharlos y abrazarlos. Nieves Gónzalez Rico |