|
|
En el siglo XIX, la fe en el progreso consistía todavía en un optimismo genérico, que esperaba de la marcha triunfal de las ciencias una progresiva mejoría de la condición del mundo y el aproximarse, de manera cada vez más apremiante, a una especie de paraíso; en el siglo XX, esta misma fe asumió una connotación política. Tras el fracaso del marxismo y las evidentes limitaciones del modelo liberal constata el cardenal Ratzinger en un artículo que apareció hace pocos días en el diario italiano Avvenire, surge el nuevo orden mundial, que halla expresión cada vez más evidente en la ONU y en sus Conferencias internacionales. En los encuentros como los celebrados sobre la población (en El Cairo, 1994) y sobre la mujer (en Pekín, 1995), ha quedado clara una verdadera y propia filosofía del hombre nuevo y del mundo nuevo.REDUCIR LOS COMENSALES DE LA MESA COMÚN
Una filosofía de este tipo no tiene ya la carga utópica que caracterizaba el sueño marxista explica; por el contrario, es muy realista, en cuanto que fija los límites de los medios disponibles para alcanzarlo y recomienda, por ejemplo, sin por esto tratar de justificarse, que no hace falta preocuparse por el cuidado de aquellos que ya no son productivos o que no pueden ya esperar una determinada calidad de vida. Esta filosofía continúa diciendo no pide a los hombres, habituados a la riqueza y al bienestar, hacer sacrificios para alcanzar un bienestar general, sino que propone estrategias para reducir el número de los comensales en la mesa de la Humanidad, para que no se vea afectada la pretendida felicidad que éstos han alcanzado. |
| MUJER CONTRA MUJER
La peculiaridad de esta nueva antropología, que debería constituir la base del nuevo orden mundial revela, resulta evidente, sobre todo, en la imagen de la mujer, en la ideología del "Women's empowerment" (el poder para las mujeres), nacida de la Conferencia de Pekín. Objetivo de esta ideología es la autorrealización de la mujer: sin embargo, los principales obstáculos que se interponen entre ella y su autorrealización son la familia y la maternidad. Por esto critica el cardenal alemán al explicar las posiciones de agencias de la ONU, la mujer debe ser liberada, de modo especial, de lo que la caracteriza, es decir, de su especificidad femenina. Esta última está llamada a anularse ante una Gender equity (equidad de género) y equality (igualdad), ante un ser humano indistinto y uniforme, en la vida del cual la sexualidad no tiene otro sentido si no el de una droga voluptuosa, de la que se puede hacer uso sin ningún criterio. FILOSOFÍA DEL EGOÍSMO En el miedo a la maternidad que se ha apoderado de una gran parte de nuestros contemporáneos entra seguramente en juego también algo todavía más profundo aclara: el otro es siempre, a fin de cuentas, un antagonista que nos priva de una parte de vida, una amenaza para nuestro yo y para nuestro libre desarrollo. Al día de hoy no existe ya una "filosofía del amor" concluye Ratzinger, sino solamente una "filosofía del egoísmo". Es justamente en esto donde el hombre es engañado. En efecto, en el momento en el que se le desaconseja amar, se le desaconseja, en último análisis, ser hombre. Por este motivo, en este punto del desarrollo de la nueva imagen de un mundo nuevo, el cristiano no sólo él, pero de todos modos él antes que los otros tiene el deber de protestar. Avvenire-Alfa y Omega |