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Jesús, ¿era hermoso o feo? Sorprendentemente, ésta fue una controversia muy notable en los primeros siglos del cristianismo, en la cual, por cierto, solamente se aducían argumentos de naturaleza ideológica. De hecho, de ella no se puede extraer ninguna luz para nuestro propósito.
En las fuentes canónicas no hay noticias explícitas sobre este asunto. Sin embargo, hay un episodio, narrado solamente en elevangelio de San Lucas, que podría proporcionarnos alguna ayuda. Mientras decía estas cosas, levantó la voz una mujer de entre la muchedumbre, y dijo: "Dichoso el vientre que te llevó y los senos que te amamantaron".La admiradora desconocida, que no sabe frenar su entusiasmo e interrumpe el discurso delSeñor, nos ofrece un indicio claro sobre el atractivo que el joven profeta de Nazaret debía ejercer en su auditorio con su prestancia y su encanto, cualidades que inferimos de los términos tan corporales en que se expresa el elogio y, sobre todo, de la respuesta de Jesús, que invita a una mayor atención a la palabra de Dios. El esplendor de los ojos es un elemento de la belleza humana que, aun siendo de naturaleza física, es como el reverbero de la vida del espíritu. El Maestro mismo lo había notado: La lámpara del cuerpo es el ojo. Si, pues, tu ojo estuviese sano, todo tu cuerpo estará luminoso. Los ojos de Jesús debieron ser verdaderamente encantadores, penetrantes y casi magnéticos: quien los vio una vez no los olvido jamás.Solamente así se explica la extraordinaria frecuencia con la que los evangelistas (especialmente Marcos, que refiere los recuerdos de Pedro) ponen de relieve la mirada de Jesús. Y es importante considerar los difuminados, los matices, de los textos originales: el verbo mirar es usado de tres maneras muy expresivas. Mirar alrededor; mirar a lo alto; mirar hacia dentro. Cuando Jesús mira en torno suyo, todos enmudecen, atónitos y fascinados. Los ojos de Cristo saben también mirar a lo alto, en una plegaria apasionada alPadre para que le escuche. Los ojos de Jesús impresionaban sobre todo cuando miraba dentro de las personas, como si llegara a sus corazones. Cardenal Giacomo Biffi, |